4 jun. 2018

LOS PROBLEMAS MEDIOAMBIENTALES DESDE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO



                                                     El Hierro. Foto.: Teresa Claramunt

Desde los comienzos de la humanidad,  las mujeres han jugado un papel muy importante en el cuidado y protección del medio ambiente. En la prehistoria las mujeres cazaban, recolectaban y cultivaban la tierra, es por tanto evidente que ya conocían las especies animales y vegetales y sabían que factores mejoraban o empeoraban sus cosechas.
En virtud del sistema sexo/género la relación de las mujeres con la naturaleza se articula de  forma diferente a la de los  hombres. En la mayoría de las sociedades, las mujeres son las encargadas de la subsistencia familiar: cocinan, cultivan la huerta familiar, acarrean el agua, etc., es decir a las mujeres se les ha adjudicado siempre el ámbito restringido de lo doméstico y lo privado mientras que los hombres se han reservado lo público, la cultura y el poder.
Las mujeres y los hombres no están involucrados ni en el mismo grado ni de la misma forma en los problemas ambientales. Esta diferenciación se da tanto en su papel de usuarias, productoras y consumidoras de los recursos naturales y del medio ambiente como en el de expertas conocedoras y gestoras del mismo.
Durante muchos años se ha supuesto que los impactos negativos de los grandes problemas ambientales y los esfuerzos para mitigarlos,  tienen efectos similares tanto en mujeres como en hombres. Sin embargo, últimamente se está reconociendo cada vez más que mujeres y hombres viven los problemas de manera diferente y que las desigualdades de género disminuyen la capacidad de las mujeres para hacerles frente. También se está reconociendo que las mujeres son gestoras importantes del cambio, al tiempo que poseedoras de conocimiento y destrezas importantes para todo lo relacionado con la mitigación, adaptación y reducción de riesgos de los problemas ambientales.
La visión de las mujeres sobre temas tales como la destrucción de la capa de ozono, la deforestación de bosques y selvas, o la evidente contaminación del medio, ha generado el denominado ecofeminismo, un movimiento social que aparece en Europa en 1974. Sin embargo, y para demostrar que el ecofeminismo no es la única  respuesta de las mujeres a la situación del medio ambiente se produce la paradoja de que  las mayores movilizaciones de las mujeres en torno a la conservación de la naturaleza se han dado en los países menos desarrollados  (Movimiento Cinturón Verde, en Kenia o el movimiento Chipko, en la India). Esta situación se refleja en la concesión de  los premios Goldman que en gran medida han sido concedidos a mujeres que han desarrollado, su lucha a favor el medio ambiente, en estos países.
Los premios Goldman fueron instituidos en 1990 por los filántropos Richard N. Goldman y su mujer, Rhoda H. Goldman, y se conceden anualmente como distinción a personas  que trabajan en la defensa de la naturaleza y el medio ambiente. Desde su constitución 70 mujeres han recibido esta distinción, que representa el 41,37% del total de las personas galardonadas.
El género como categoría de análisis está ausente en gran parte de los estudios realizados a favor de un desarrollo sostenible, si bien en los últimos años comienza a hacerse visible en los organismos internacionales,  gracias, sobre todo, al tesón de grupos de mujeres del llamado Tercer Mundo. 
La inclusión de las mujeres en materia de medio ambiente es muy reciente, puesto que  ni en la Declaración de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el medio humano (Estocolmo 1972), ni en el Informe de la Comisión Brundtland (1987) se contempló la perspectiva de género.
En las reuniones preparatorias de la Cumbre de Río (1991-1992), la Asamblea Mundial sobre la Mujer y el Medio Ambiente y el Congreso Mundial de Mujeres por un Planeta Sano iniciaron un diagnóstico de las distintas situaciones a las que se enfrentaban mujeres de distintas zonas del planeta con relación al medio ambiente y se plantearon recomendaciones concretas de cara a la Conferencia de Naciones Unidas. El consenso alcanzado se presentó en documento Agenda 21 de la Acción de las Mujeres, en el que se recogía más de un centenar de epígrafes relacionados con el medio ambiente, en un capítulo titulado Medidas mundiales a favor de la mujer para lograr un desarrollo sostenible y equitativo. 
En la Conferencia sobre Cambio Climático de Varsovia (2013), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) dio a conocer el primer índice de Medio Ambiente y Género, clasificando 72 países para estudiar como traducen los mandatos de género en sus políticas sobre el medio ambiente. Los países mejor clasificados fueron Islandia, Holanda y Noruega. República Democrática del Congo, Yemen y Mauritania ocuparon las últimas posiciones del ranking. España aparecía en el octavo puesto.


Agua y saneamiento

El consumo de agua por parte de la humanidad es imparable. El aumento de la población mundial y la expansión de la industria y  la agricultura han hecho que el agua se convierta en un  recurso frágil. El 47% de los habitantes del mundo carece de infraestructuras de saneamiento,  y más de 700 millones de personas tienen serios problemas de acceso a agua potable. Más del 40% de esta población vive en el  África subsahariana.  
Las mujeres saben donde se encuentran las fuentes locales de agua y conocen su calidad y potabilidad. La recogen, almacenan y controlan su uso y salubridad. La reciclan, usan la menos limpia para lavar y regar y dan el agua de escorrentía al ganado. Estas tareas suponen a menudo un día entero de trabajo. Millones de mujeres emplean un promedio de  cinco horas al día en ir a por agua, aunque sea insalubre. A esto habría que añadir que algunas mujeres se  enfrentan a amenazas de violencia o violación cuando recorren largas distancias en esta búsqueda.
La dura tarea de ir a buscar agua para uso familiar a pozos distantes a menudo recae en las niñas, por razones de discriminación y de los papeles asignados en razón del género. Esto trae como consecuencia que en lugar de asistir a la escuela, las niñas pasen horas dedicadas a esa tarea de conseguir agua, y cuando tienen la buena suerte de poder hacerlo están a menudo demasiado cansadas para realizar cualquier tarea de aprendizaje
Las mujeres desempeñan un papel clave en la educación infantil respecto al tema del agua. Cada año, mueren cerca de dos millones de niñas y niños a causa de enfermedades relacionadas con la falta de higiene, por lo que educarles  para que se laven las manos sigue siendo un medio muy simple y eficaz de prevenir tales enfermedades, por ejemplo la diarrea. También juegan una función  fundamental en el abastecimiento, la gestión y la protección del agua; sin embargo, esta tarea primordial de la mujer como proveedora, consumidora de agua y conservadora del medio ambiente,  rara vez se ha reflejado en disposiciones institucionales para el aprovechamiento y la gestión de los recursos hídricos
Son pues necesarias políticas efectivas que aborden las necesidades de las mujeres y las preparen y doten de la capacidad de participar, en todos los niveles, en programas de recursos hídricos, incluida la adopción de decisiones y la  ejecución de las mismas. 
La Alianza de Género y Agua (GWA) fue creada con ocasión del II Foro Mundial del Agua (La Haya marzo de 2000), con el objetivo de transversalizar el enfoque de género en la gestión del agua y promover un acceso equitativo de mujeres y hombres a un agua segura y adecuada, tanto  para uso doméstico, como para saneamiento, seguridad alimentaria y sostenibilidad del medio ambiente.  
Todos los foros relacionados con este tema vienen resaltando la importancia de fortalecer la participación de las mujeres en todas las actividades de desarrollo relacionadas con el agua, a fin de capitalizar el conocimiento y la capacidad que estas tienen como  gestoras de los recursos hídricos. 
La existencia de letrinas y servicios higiénicos sanitarios en general es uno de los grandes retos que se deben afrontar para superar las desigualdades de género. El acceso inadecuado a servicios de saneamiento seguros, higiénicos y privados es una causa de vergüenza, malestar físico e inseguridad para millones de mujeres  de todo el mundo no desarrollado.
Las mujeres deben recorrer largas distancias a pie para encontrar cierta privacidad, a menudo entre arbustos o en el campo donde su seguridad personal corre peligro. La deforestación y la pérdida de vegetación agravan la situación.
A esto hay que añadirle que deben esperar la noche para poder hacerlo lo que a su vez les lleva a un forzado control del líquido que ingieren durante el día.

Deforestación

Los bosques representan una fuente de subsistencia e ingresos para más de 1.600 millones de pobres del mundo. Las mujeres que viven en los pueblos de las zonas pobres ven al bosque como un  amigo. Les proporciona leña para el fuego y comida para los animales. Las raíces de los árboles ayudan a la tierra a retener el agua de lluvia durante todo el año y  pueden recogerla  de las fuentes y arroyos. Ellas son las  principales usuarias.
     La deforestación les afecta  mucho más que a los hombres, y cuanto más pobres son, peores son las consecuencias para ellas. Cuando desaparece un bosque cercano las mujeres de la zona van a tener que trabajar mucho más duro porque tienen que andar más para conseguir todo lo que el bosque proporciona
Mujeres de todo el mundo han trabajado para salvaguardar los bosques y para reforestar. La impulsora más destacada del proceso de reforestación  fue  la ya mencionada  bióloga y ecologista keniata Wangari Maathai, fundadora en 1977  del Movimiento Cinturón Verde  (Green Belt Moviment), destinado a la plantación de árboles para salvar el planeta, y que persigue plantar un cinturón verde de árboles que atraviese África, desde el océano Indico hasta el Atlántico. A lo largo de más de 40 años se han plantado ya casi 50 millones de árboles y  son 80.000 las campesinas que viven gracias a su trabajo en los viveros creados por esta iniciativa. Es de desear que a pesar de la desaparición, en 2011, de su ideóloga y principal impulsora este movimiento siga activo para conseguir los objetivos propuestos.

Cambio climático

Hace ya muchos  años que la comunidad científica comenzó a alertar del aumento de la temperatura media global y su impacto en el complejo sistema climático. Debido a las desigualdades preexistentes, hombres y mujeres tendrán un diferente grado de vulnerabilidad frente a los efectos de este fenómeno. Por ejemplo, las mujeres rurales suelen tener menos recursos financieros, físicos y humanos que los hombres, y por tanto tienen menos posibilidades de respuesta a los efectos de este problema.
Como las mujeres suelen depender  más que los hombres de los recursos naturales, cuando estos se vean directamente afectados por el cambio climático, los medios de vida de las mujeres también resultaran más perjudicados. Aquellas estrategias de adaptación que no tengan en cuenta la vulnerabilidad de las mujeres tienen pocas posibilidades de éxito.
El cambio climático  provocará un aumento de la desertificación y de plagas lo que  dificultará el acceso al agua potable  y complicará la producción de alimentos para consumo doméstico, así como el desarrollo de  la pesca y la ganadería.
El cambio climático ya está provocando  grandes desastres naturales (inundaciones, tsunamis, huracanes, etc.), que originan y agravan las situaciones de desigualdad de las mujeres en los países donde ocurren. Ya sucedió en Haití, Filipinas y ahora en Ecuador.
En los primeros momentos de una catástrofe tener  acceso a  la información es fundamental, para poder enfrentarse a ella. Pero las mujeres, que constituyen el 64% de las personas analfabetas del mundo,  tienen serios problemas para comprender las instrucciones de evacuación que emiten las autoridades locales. A esto hay que añadir su generalizado aislamiento doméstico y sus responsabilidades en el cuidado de criaturas y personas mayores que les dificulta su desplazamiento hacia las  zonas seguras recomendadas.
Las situaciones de  embarazo y  lactancia incrementan la vulnerabilidad de las mujeres, pues tienen mayores necesidades nutricionales y su movilidad tiene ciertas  limitaciones.  La aparición de epidemias,  por la acumulación de cadáveres y  la falta de agua potable también inciden en la situación de las mujeres ya que a veces   tienen menor acceso a los servicios médicos  que los hombres y además su carga de trabajo se ve incrementada, por el tiempo que invierten en cuidar a las personas enfermas.
Asimismo se incrementan las posibilidades de abusos sexuales ya que hay escasas medidas de protección y vigilancia en los campamentos provisionales que se levantan para  las y los damnificados, donde la mayoría de las veces hombres, mujeres y niñas comparten los servicios sanitarios y de higiene.
Por otra parte tras un  desastre natural las mujeres tienen menos posibilidades de encontrar empleo ya que la oferta laboral suele estar enfocada a roles masculinos
Todas estas circunstancias  hacen  necesaria la inclusión de la perspectiva de género en cualquier acción solidaria que se realice en una zona afectada por una catástrofe

Biodiversidad

La pérdida de la biodiversidad es una de las problemáticas más graves a afrontar a escala mundial. La fragmentación de hábitats, el cambio climático, la sobreexplotación y el uso no sostenible de los recursos naturales han puesto en jaque a las especies del planeta y a los bienes y servicios ecológicos a los que los seres humanos están íntimamente ligados. Detener la tasa de pérdida de biodiversidad mundial se plantea como  uno de los desafíos cruciales a los que toda la sociedad debe enfrentarse.
La mayoría de las investigaciones sobre la biodiversidad no utilizan el enfoque de género. Esto ha llevado a que los resultados científicos con respecto a la diversidad, las características y usos de las plantas y las causas y respuestas al desgaste genético sean incompletos o erróneos.
Las variedades de semillas de cereales y hortalizas han sido seleccionadas por las mujeres generación tras generación, durante miles de años. En la actualidad muchas semillas han sido modificadas genéticamente y patentadas por grandes empresas, por ejemplo Monsanto. Se está perdiendo grandes variedades de semillas empobreciendo la biodiversidad. 
En todo el mundo, son mayoritariamente las mujeres quienes ejercen  como recolectoras de plantas silvestres, encargadas de los huertos familiares y conservadoras  de semillas. Por ejemplo investigaciones llevadas a cabo en 60 huertos familiares en Tailandia,  revelaron 230 especies diferentes de plantas, muchas de las cuales habían sido rescatadas por las mujeres en los  bosques cercanos,  antes de que estos  fueran destruidos.
Generalmente mujeres y hombres poseen conocimientos distintos y preferencias acerca de los animales y las plantas. Por ejemplo, las mujeres consideran el tiempo de cocción, la  calidad de la comida, el  sabor, la resistencia a daños ocasionados por pájaros, facilidad de recolección, preservación y almacenaje. Los hombres por su parte  consideran la conveniencia de las semillas  según el tipo de tierra, el almacenamiento y la  producción. Ambos conocimientos son necesarios para el bienestar humano.
El mayor número de experiencias llevadas a cabo por mujeres en este ámbito no se corresponde con sus posibilidades de participación en el acceso y control de los recursos.
Además del papel de las mujeres conservadoras  de la agrobiodiversidad, no podemos olvidar a esas otras mujeres,  que repartidas por los cinco continentes, trabajan o han trabajado  en el cuidado y conservación de especies salvajes en peligro de extinción: Jane Goodall (chimpancés),  Dian Fossey (gorilas de montaña), Biruté Galdikas (orangutanes), Claudine André (bonobos), Ruth Muñiz López (Águila harpía), etc.

Residuos y reciclaje

A pesar de la escasa  información que actualmente existe sobre el tema, el análisis de la producción de residuos  y el tratamiento posterior de los mismos también merece una reflexión  desde la perspectiva de género.
El trabajo doméstico es una actividad realizada de forma muy mayoritaria por las mujeres, por tanto es interesante tener en cuenta este hecho, cuando se diseñan campañas para reducir la producción de residuos y para fomentar su reciclaje. En España, la empresa Ecovidrio ha realizado un estudio  sobre los usos y actitudes de la población ante el reciclado del vidrio. En él ha constatado que el 72% de las mujeres recicla siempre los residuos de envases de vidrio, pero cuando se habla del reciclaje global este  porcentaje disminuye a un 38%.
Otro aspecto que merece conocerse son las experiencias que existen en numerosas ciudades de diversos países de Latinoamérica (Colombia, Nicaragua, Argentina, Bolivia, Cuba, etc.)  y también algunos de África (Malawi, Congo),  que han diseñado programas pensados específicamente para el empoderamiento de las mujeres. Dichos programas tienen como objetivo fomentar la recuperación de los residuos acumulados  en los grandes vertederos de las grandes ciudades para proporcionar ingresos y autoempleo a mujeres de comunidades vulnerables.

Artículo publicado en la revista igUALdad (Universidad de Almería), nº2.

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