2 sept. 2014

01/09/2014 LA INVISIBILIDAD DE LAS MUJERES CIENTÍFICAS




Con la excepción de Marie Curie, ¿qué nombre de científicas o qué hecho científico debido al trabajo de investigación de una mujer conocemos? Las respuestas a ambas  preguntas son siempre reducidas. En cambio todas y todos recordamos a Einstein, Darwin, Galileo, Arquímedes… La razón principal de este desconocimiento es la ocultación de la actividad científica  de las mujeres en la historia de la ciencia.

La ciencia y la tecnología tradicional presentan un carácter androcéntrico al haber sido elaboradas por hombres o por haber sido estos quiénes han ostentado “la autoridad científica”.  Esta “autoridad científica masculina” ha sido responsable de la invisibilidad del saber científico femenino y de la institución de  mecanismos para excluir a las mujeres de la ciencia.  La historia de la ciencia es una historia parcial y sesgada, ya que las huellas que las mujeres han dejado de su producción científica han sido filtradas por la mirada de los hombres que son quienes han escrito dicha historia. Es evidente pues que la concepción tradicional de la ciencia debe ser revisada para darle una dimensión más amplia y ecuánime que recoja las aportaciones y las experiencias de las mujeres.

Y es que, a pesar del desconocimiento generalizado de su actividad científica, el hecho real es que a lo largo de la historia ha habido mujeres que han reclamado su espacio y han conseguido elaborar un saber propio.

1. PIONERAS

Desde la antigüedad las mujeres fueron las recolectoras de hierbas medicinales, las que utilizaban técnicas obstétricas, las que curaban, etc. Este papel lo ejercieron hasta la creación de  las universidades durante los siglos XII al XV cuando las mujeres fueron excluidas de los estudios oficiales de medicina. Muchas de las antiguas sanadoras fueron calificadas como brujas y murieron quemadas en la hoguera.

En el siglo XII se produjo un gran movimiento religioso femenino: las hijas de los señores feudales tomaban los votos en monasterios que paradójicamente se convirtieron para ellas en espacios de libertad. Algunas de estas mujeres aprovechaban la falta de obligaciones familiares para dedicarse al estudio, acceder al conocimiento de la época, practicar la astronomía, la botánica y/o la medicina.

Un buen ejemplo es la abadesa alemana Hildegarda de Bingen (1098-1179) la primera científica cuyos escritos han llegado hasta nuestros días. Escribió obras de teología, una enciclopedia de historia natural y varios tomos de medicina.

Hildegarda de Bingen no fue la única, en un convento de Alsacia hubo otra abadesa, Herrad de Landsberg (¿-1195), que escribió una importante obra científica titulada Hortus deliciarum, una enciclopedia de religión, historia, astronomía, geografía, historia natural y botánica médica. Herrad construyó además un gran hospital en las tierras del convento donde trabajó como médica hasta su muerte.

En los siglos posteriores las cosas no fueron mejor para las mujeres, a finales del XVII se institucionalizó la actividad científica, la cual paso a desarrollarse completamente dentro de las universidades e instituciones públicas. A partir de ese momento, las mujeres dedicadas a la recolección de fósiles, plantas, etc quedaron relegadas a ser meras aficionadas, alejándose por completo de la actividad científica “oficial”. Se consideraba totalmente inadecuada cualquier incursión de las mujeres en  actividades de experimentación científica ya que se pensaba que no poseían facultades intelectuales para ello. Las universidades permanecieron cerradas a las mujeres hasta la segunda mitad del siglo XIX. En España no accedieron hasta 1910.

A pesar de todos los obstáculos, a lo largo de la historia las mujeres buscaron y encontraron diferentes “soluciones” para vencer todas estas dificultades y prohibiciones.


TRAVESTISMO MASCULINO

Una de ellas fue estudiar y ejercer su profesión vestidas de hombres. Este fue el recurso utilizado  por la ateniense Agnodice (300 a C), que ejerció su profesión con éxito entre las mujeres de la aristocracia. Los médicos atenienses se sintieron celosos de sus éxitos y la denunciaron. Agnodice reveló entonces que era una mujer y fue condenada a muerte. Las mujeres de la ciudad, algunas de ellas esposas de los miembros del tribunal, se presentaron ante los jueces y amenazaron con morir con ella si era ejecutada. Esta resistencia organizada dio sus frutos y Agnodice no sólo fue liberada si no que además se le permitió seguir ejerciendo la medicina vestida de mujer.

James Miranda  Stuart Barry (1795-1865) se disfrazó de hombre para poder matricularse en la Universidad de Edimburgo. Se unió al ejército británico y  fue nombrada inspector médico en el sur de África. Vivió toda su vida como un hombre llamado James Barry, y solo cuando se practicó su autopsia se descubrió que en realidad era una mujer.

Aparte de J.M. Barry Stuart y Agnodice otras mujeres, como la suiza Henriette Faver Caven (1781-1856) o  la estadounidense Mary Edwards Walter (1832-1919), se vieron obligadas a practicar el travestismo masculino para poder ejercer la medicina.


LA COCINA COMO LABORATORIO

Otro recuso fue utilizar la cocina como único espacio posible para realizar la parte experimental. Ese fue el caso de la química nacida en Venecia Agnes Pockels (1862-1935), muy pronto su familia se trasladó a la Baja Sajonia donde Agnes solo pudo asistir al Instituto Municipal para Niñas. Cuando terminó sus estudios las universidades alemanas no admitían mujeres y cuando finalizó la prohibición sus padres tampoco le permitieron matricularse. Su hermano  Friedrich estudió física y ella utilizó sus libros para adquirir los conocimientos que necesitaba para interpretar los fenómenos  que ocurrían entre los jabones y los aceites cuando lavaba los platos. Desarrolló un dispositivo que le permitía estudiar la tensión superficial de las capas grasientas en superficies acuosas. Sus trabajos fueron conocidos por Lord Rayleigh, químico que trabajaba aspectos semejantes a los de Agnes y que impulsó su publicación en la revista Nature en 1981 estableciendo las bases de un nuevo campo científico. En 1932 se concedió el Premio Nobel a Irving Langmuir por sus trabajos sobre la química de las superficies acuosas, que eran una mejora y desarrollo del trabajo pionero de Agnes Pockels.


DOCTORADO IN ABSENTIA

En el siglo XIX  algunas científicas  recurrieron al doctorado “in absentia”.  Sus tesis eran  presentadas públicamente por un científico varón, normalmente el director del trabajo, ante la imposibilidad de defenderlas ellas mismas. La matemática rusa Sofia Kovalevsky (1850-1891) utilizó este mecanismo para obtener su doctorado en el año 1874.


LAS AYUDANTES

En la época de la gran depresión económica las universidades americanas prohibieron que dos miembros de un matrimonio trabajasen juntos dando por supuesto que el marido debía ocuparse de su esposa. Las mujeres casadas eran discriminadas tanto a nivel profesional como a nivel de salario. Como consecuencia, la única posibilidad que tenían de mantener su actividad científica era enmascarándola como ayudantes de sus parejas o realizando actividades auxiliares en los laboratorios. Las premios nobel Maria Goeppert-Mayer (1906-1972) y Gerthy Teresa Radnitz Cori (1896-1957)  fueron víctimas del nepotismo universitario.

Maria Goeppert-Mayer obtuvo su doctorado en Física en 1930 en la Universidad de Gotinga a la edad de 24 años. Ese mismo año se casó y se fue a Estados Unidos con su marido Joseph Mayer. El nepotismo universitario le impidió conseguir un puesto de trabajo que correspondiera a su categoría, ayudaba a los miembros del departamento de física con la correspondencia en alemán. No consiguió percibir un sueldo por su trabajo como investigadora hasta 1960. Tres años más tarde recibió el Premio Nobel de Física por sus trabajos sobre los núcleos atómicos.

Gerty Theresa Radnitz Cori nació en Praga donde estudió medicina, en 1920  se doctoró y se casó con Carl Cori. En 1922 emigraron a Estados Unidos y allí se vieron obligados a abandonar el trabajo conjunto que habían realizado hasta entonces. Gerty se vio asignada a trabajos rutinarios que no le satisfacían. A pesar de la prohibición de trabajar juntos consiguieron esquivar esa imposición hasta que fue descubierta y amenazada con el despido. Tres años más tarde publicaron sus investigaciones sobre la tiroxina y con ello consiguieron detener no solo el despido de Gerty  sino también la prohibición de investigar juntos.


LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA ES COSA DE HOMBRES

Otra forma de invisibilizar a las mujeres científicas es la ocultación de su actividad bajo un apellido ya sea el de un hermano, padre o marido. Ese es el  caso de las inventoras, debido a las leyes que  impedían a las mujeres patentar sus inventos. El limpiaparabrisas, la cafetera melitta, el astrolabio, el lenguaje cobol, etc. son inventos realizados por mujeres, seguramente hay otros muchos que nunca se conocerán.

Aún hoy día científicas tales  como  Maud Menten, Lynn Margulis, Biruté Galdikas, cuyos  nombres no aportan  pistas inequívocas  sobre su sexo aparecen mencionadas en los textos y medios de comunicación como hombres. El estereotipo  “la ciencia es cosa de hombres” aún prevalece.



2. EL TECHO DE CRISTAL

En la actualidad nos encontramos con una situación  de igualdad legal pero no de igualdad real. La ciencia es un reflejo de la sociedad y en ella se dan las mismas situaciones de desigualdad que en otros ámbitos. Uno de los principales obstáculos al que se tienen que enfrentar las mujeres investigadoras es el conocido como  techo de cristal; Se denomina así a una superficie superior invisible en la carrera laboral de las mujeres, difícil de traspasar y que nos impide seguir avanzando. Su carácter de invisibilidad viene dado por el hecho de que no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos ni códigos visibles que impongan a las mujeres semejante limitación sino que está construido sobre la base de otros rasgos que por su invisibilidad son difíciles de detectar.

Existen estudios e informes a nivel español y europeo  como El Libro Blanco1 sobre la situación de las mujeres en la ciencia española, 2011 o el Informe She Figures 20122 cuyos datos revelan que aunque las  mujeres son ya más de la mitad del alumnado universitario  apenas constituyen  un tercio del personal dedicado  a  I+D+I.



She Figures 2012
% mujeres
España  2010/11
% mujeres
Catedráticas de universidad
20% /11%
16.6%
Profesorado intermedio
37%
33.7%
Profesorado de base
44%
48.4%
Estudiantes
55%
60%


La falta de una buena política de conciliación con la vida familiar se percibe como el principal obstáculo para ascender, para poder romper con este techo de cristal. La maternidad es un elemento determinante ya que la edad de máxima productividad científica coincide con la edad fértil. Es muy ilustrativo de esta situación que a las investigadoras  se les pregunte  muy a menudo sobre como compaginan su vida familiar  y a los hombres nunca. En muchos casos el papel de cuidadora familiar no da tregua, primero se cuida a la descendencia y después a sus mayores. Compatibilizar la vida científica y la vida familiar genera muchos problemas, desde la doble o triple jornada de trabajo hasta el complejo de culpa por no poder abarcar todos los campos de forma satisfactoria.

Muchas mujeres científicas tienen como pareja a otro científico. Lo habitual es que ellas  adapten sus carreras a las  de ellos y durante su vida profesional sufran numerosas microdiscriminaciones ya que socialmente siempre se las considera “ayudantes”. Hay científicas que opinan que en este momento ser viuda o soltera es un plus para su valoración profesional.


MUCHAS MUJERES EN ÁMBITOS CIENTÍFICOS PERO POCAS EN PUESTOS DE DECISIÓN.

Los sistemas de selección y promoción tienen un fuerte sesgo de género. Hay informes1  que demuestran que es 2,5 veces más probable que un hombre sea promocionado a catedrático que una  mujer y 4 veces en el caso de que ésta tenga hijas e hijos.  El resultado es que en estos momentos las mujeres representan el 35% del profesorado titular en el sistema universitario español pero solo existe un  16% de mujeres catedráticas.

Existe un sesgo de género inconsciente que se ha puesto de manifiesto en un experimento realizado en la Universidad de Yale. Se pidió a profesoras y profesores de seis universidades distintas que valoraran la candidatura de un recién graduado para la plaza de director de laboratorio,  se diseñaron  dos curriculums ficticios e idénticos, solo variaba el nombre John para los chicos y Jennifer para las chicas. El profesorado participante en la investigación debía calificar la competencia e idoneidad para el puesto, así como la cantidad de salario y de horas de tutoría que ofrecerían a cada uno. Los resultados fueron muy concluyentes: el candidato John era más competente para el puesto, recibiría mayor sueldo y más  apoyo y más recursos para desarrollar su carrera investigadora que Jennifer.


LA CIENCIA NECESITA A LAS MUJERES

Las mujeres son necesarias en los equipos de investigación porque aportan su propia  visión y es  tan imprescindible como la de los hombres. Incluir a mujeres en las investigaciones no es mejorar su situación, es mejorar la ciencia en general. Si las mujeres hubieran estado presentes en los equipos de investigación sobre los síntomas de infartos de miocardio se hubiese tenido en cuenta que estos son distintos en  hombres y  mujeres, lo que ha provocado que los síntomas de las mujeres se identifiquen más tarde y por tanto tengan un peor diagnóstico; o que la endometriosis,  una enfermedad que afecta a 14 millones de mujeres en Europa solo fuese catalogada como enfermedad grave en 2005, e incluso algo tan elemental como que los cinturones de seguridad no estén diseñados pensando en las mujeres.

Una variable nueva a añadir al tema del techo de cristal son la crisis y los recortes. Hay pocos datos pero será interesante estudiar el fenómeno. Hasta ahora se sabe  que hay menos mujeres haciendo el doctorado en algunas universidades y que hay mas hombres con becas posdoctorales.


EL RECONOCIMIENTO DE LA ACTIVIDAD CIENTÍFICA: UNA CUESTIÓN PENDIENTE

El abismo que existe entre la situación de invisibilidad de las mujeres científicas en épocas pasadas y la situación actual, con una mayoría de mujeres en los centros de investigación, es muy grande pero falta todavía un gran trecho para alcanzar la igualdad real. Es necesario romper el techo de cristal que impide a las mujeres científicas alcanzar el reconocimiento denominado de alto nivel como son los premios, los nombramientos honoris causa o su presencia en las Reales Academias. Está claro que en jurados mayoritariamente o totalmente masculinos funciona el fenómeno  “boys club”, es decir, los hombres solo “ven” a otros hombres. Solo se necesita un repaso a los premios nobel otorgados a mujeres científicas para darse cuenta de esta situación de desigualdad:



Premios Nobel de Física
Marie Curie (1903)
Maria Goeppert- Mayer (1963)
Premios Nobel de Química
Marie Curie (1911)
Irene Joliot-Curie (1935)
Dorothy Crowfoot-Hodgkin (1964)
Ada E. Yonath (2009)

Premios Nobel de Fisiología y medicina                            
Gerty Theresaa Radnitz Cori (1947),
Rosalyn Sussman Yalow (1977),
Barbara MacClintock (1983),
Rita Levi-Montalcini (1986)
Gertrude Belle Elion (1988)
Christiane Nüsslein –Volhard (1995)
Linda B. Buck (2004)
Françoise Barré –Sinoussi (2008)
ElizabethH.Blackburn (2009)
Carol W. Greider (2009)



¿CÓMO ALCANZAR LA EQUIDAD?

Una vez descritas algunas de las situaciones de desigualdad no se puede  finalizar sin presentar las propuestas existentes para corregir las desigualdades:



  1. Se necesitan  cambios en la enseñanza de las ciencias para que  la ciencia y la tecnología resulten atractivas para todas las personas. Hay que dar más visibilidad a las mujeres científicas para que las chicas encuentren “modelos”. Es necesario vencer la imagen masculinizada de la ciencia.
  2. Hay que reformar las instituciones científicas para reforzar la participación igualitaria y  modernizar la gestión de recursos humanos. Hasta que no exista la paridad real, hay que optar por la acción positiva.
  3. Se necesitan verdaderas políticas de conciliación de la vida familiar y profesional que favorezcan un desarrollo profesional igualitario. Existen ya algunas iniciativas interesantes al respecto. Por ejemplo, ahora, tras cinco años de doctorado se concede un año más a las mujeres que han tenido un hijo en ese tiempo, porque se considera que el año de trabajo perdido por la maternidad debe ser compensado.
  4. Son necesarios programas específicos para que las instituciones contraten, promuevan y financien a las científicas en igualdad de condiciones con los científicos. Mientras existan desigualdades se necesitará paridad en las comisiones evaluadoras de premios y procesos de promoción.
  5. No se alcanzará la plena equidad hasta que un porcentaje muy importante de hombres entienda que es un derecho de las mujeres alcanzar la igualdad en el mundo científico-tecnológico.



TEXTO ESCRITO PARA  BULBASAUR FANCINE Nº 3. BARCELONA. ABRIL 2014

ILUSTRACIONES: LAIA ARQUEROS CLARAMUNT

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