26 may. 2016

ESPACIOS DE SOLIDARIDAD 1: MUJERES EN LILONGWE (MALAWI)

                                                                        Foto.: Internet
26/05/2016      Actualmente la pobreza afecta a unos 1.500 millones de personas de todo el mundo; de ellas un 70% son mujeres. Existen diversos motivos por los que la pobreza incide más en las mujeres, pero en todos ellos la causa es la desigualdad de género: en muchos países las mujeres no tienen acceso a la educación básica, no pueden acceder al mercado de trabajo, y si lo hacen siempre es en peores condiciones que los hombres.

       La recuperación de los residuos acumulados  en las calles y en los  vertederos de las grandes ciudades, pueden servir para empoderar  a mujeres de comunidades vulnerables. Existen numerosas experiencias en Latinoamérica, y también   en algunos países africanos y asiáticos, donde colectivos de mujeres han encontrado formas de autoempleo y la manera de obtener ingresos que les posibilitan alimentar a sus familias.

En el año 2010, el Programa  de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y ONU habitat, iniciaron el proyecto DE BASURA A RIQUEZA, que enseñó a 37 mujeres a usar los desechos para fabricar abono.
Las mujeres trabajan de forma cooperativa y solidaria en la capital de Malawi, Lilongwe, recolectando los desechos  de las calles y de los vertederos no controlados. Clasifican y separan los residuos de manera que el vidrio, las bolsas de plástico, el papel y otros materiales son depositados en espacios específicos, donde las autoridades locales se encargan de enterrarlos y/o incinerarlos. Las mujeres se hacen cargo del resto de residuos, que  son tratados durante unas semanas para transformarlos en abono. Este compostaje es embolsado y vendido a los pequeños agricultores, a los propietarios de pequeños huertos familiares y también al ayuntamiento de Lilongwe para su vivero municipal.
Cada mujer puede vender un promedio mensual de 30 kg de abono que le proporciona una ganancia de 50 dólares. Esta cantidad les permite alimentar a sus familias y poder enviar a sus hijas e hijos a la escuela.
En la actualidad existen muchos más grupos de mujeres que participan en este proyecto. Esto les ha permitido recibir formación sobre reciclaje de residuos y salud pública, les ha dado autonomía económica y les ha permitido  salir del aislamiento de sus casas y establecer relaciones de solidaridad con otras mujeres.

Fuente.  http://www.undp.org/

12 may. 2016

MUJERES RECONOCIDAS CON EL PREMIO MEDIOAMBIENTAL GOLDMAN


                              Manzanillo. Costa Rica.            Foto. Teresa Claramunt

27/04/2018
Los premios Goldman fueron instituidos en 1990 por los filántropos Richard N. Goldman y su mujer, Rhoda H. Goldman, y se conceden anualmente como distinción a personas que trabajan en la defensa de la naturaleza y el medio ambiente, repartido en 6 categorías en función de la  zona geográfica: Europa, Asia, África, Naciones insulares, América del Norte, América Central y América del Sur. Cada uno de los premios incluye una dotación económica, en la actualidad, de 175.000 dólares. Las nominaciones a los premios son enviadas por diversas instituciones que trabajan en temas ambientales en todo el mundo, mientras que un grupo 150 personas expertas en temas ambientales, de más de 70 naciones distintas se encargan de valorar las propuestas y designar a las personas premiadas. Al Premio Goldman también se le conoce como el Premio Nobel del Medio Ambiente.

Desde su constitución en el año 1990,  76 mujeres han recibido esta distinción, que representan menos del 50%  del total de personas galardonadas. Todas ellas han trabajado para denunciar graves problemas ambientales que afectan sobre todo a su ámbito local. Muchas de ellas han organizado a sus comunidades para conseguir preservar su entorno y eliminar situaciones desastrosas (minas a cielo abierto, presas, gestión de residuos, industrias contaminantes, ...) para el medio ambiente.

Las mujeres merecedoras del Premio Goldman han sido:

1990
Lois Gibbs, activista ambiental estadounidense que organizó a todo el vecindario de Love Canal, un barrio de Niagara Falls (N.Y) para conseguir eliminar un vertedero de residuos tóxicos sobre el que estaban construidas sus viviendas. 
Janet Gibson, zoóloga de Belice por sus  esfuerzos en la conservación de los ecosistemas marinos, en particular el sistema de arrecifes coralinos.

1991
Wangari Muta Maathai, bióloga keniata. Fundadora del Movimiento Cinturón Verde, una ONG formada principalmente por mujeres cuya finalidad era la plantación de árboles para reducir los devastadores  efectos sociales y ambientales que producen la deforestación y la desertificación. Wangari Maathai también ganó el Premio Nobel de la Paz, en 2004. 
Eha Kern, maestra rural sueca por organizar un movimiento de niños y niñas, que recaudó millones de dolares, para poder adquirir y conservar los bosques primarios de Monteverde (Costa Rica). Recibió el premio conjuntamente con Roland Tiensuu.
Cath Wallace, ecologista y profesora de Economía neozelandesa ganadora del premio por su contribución a la protección de la Antártida.

1992
Medha Patkar, activista ambiental hindú. Organizó marchas y protestas pacíficas contra la construcción de presas sobre el mayor río que fluye por el oeste de la India.
Christine Jean, bióloga francesa, galardonada por su defensa del Río Loira contra la construcción de presas sobre el conocido como el último río salvaje de Europa.
Colleen McCrory, activista ambiental canadiense. Merecedora del premio por su lucha para salvar los bosques de la Columbia británica.

1993
Margaret Jacobsohn, activista ambiental de Namibia. Se le concedió el premio por ser pionera en un programa de manejo de recursos naturales que vinculaba la conservación de la fauna de su país al desarrollo sostenible. Recibió el premio conjuntamente con Garth Owen - Smith.
Dai Qing, escritora y periodista china. Galardonada por su oposición activa contra los planes del gobierno chino para la construcción de la gran presa de las Tres Gargantas.
JoAnn Tall, india lakota que ayudó a detener las pruebas nucleares, en la zona de Black Hills de Dakota del Norte (EE.UU).

1994
Laila Iskander Kamel, ministra y empresaria egipcia que trabajó con los recolectores de basura de El Cairo, para demostrar que los programas de reciclaje, a  gran escala, generan ingresos y mejoran las condiciones de vida de los recicladores.
Tuenjai Deetes, activista social tailandesa. Galardonada por su contribución a mejorar las condiciones de vida de las personas de las tribus de las montañas del norte de Tailandia.
Heffa Schüncking, activista ambiental alemana. Merecedora de la distinción por su lucha contra la destrucción de los bosques tropicales y propiciando una reducción significativa del consumo de madera tropical en Alemania.

1995
Emma Must, activista ambiental británica. Fue distinguida por promover grandes protestas contra un plan de construcción masiva de carreteras que destruían numerosos espacios protegidos.
Aurora Castillo, activista estadounidense impulsora del movimiento "las madres del este de Los Ángeles" que luchaban contra graves amenazas ambientales y de salud pública.

1996
Albena Simeonova, activista ambiental bulgara impulsora de movilizaciones contra la construcción de plantas de energía nuclear.
Marina Silva, ambientalista y pedagoga brasileña defensora de la Amazonas y defensora d numerosas familias de rerinqueiros.

1997
Terri Swearingen, enfermera estadounidense. Premiada por su lucha contra la mayor planta incineradora de residuos tóxicos en East Liverpool (Ohio).

1998
Anna Giordano, conservacionista italiana que puso en marcha una campaña para salvar a las aves rapaces en Sicilia.
Kory Johnson, activista ambiental estadounidense. Inició su trayectoria ambientalista a los nueve años fundando Niños para salvar el medio Ambiente y continuó su actividad luchando contra una incineradora industrial en Phoenix (Arizona).

1999
Jacqui Katona e Ivonne Margarula, aborigenes australianas que encabezaron la campaña contra una mina de uranio en el corazón del Parque Natural más grande de Australia.

2000
Oral Ataniyazova, médica de Uzbekistán. Galardonada por denuncir los daños a la salud pública que producía la muerte del mar de Aral.
Vera Mischenko, abogada rusa que fundó Ecojuris, la primera firma legal de interés público en Rusia.

2001
Yosepja Alomang, activista ambiental de Indonesia, que organizó un movimiento de resistencia contra la minería de oro que dañaba la cultura tradicional de los pueblos índigenas.
Myrsini Malakou, bióloga griega creadora de la primera área protegida transfronteriza de los Balcanes. Compartió el premio con Giorgos Catsadorakis.
Jane Akre, periodista estadounidense que investigó la controvertida hormona del crecimiento que se utiliza para estimular la producción de leche de las vacas. Compartió el premio con Steve Wilson.

2002
Fatima Jibrell, activista ambiental somalí. Defensora de las milenarias acacias sometidas a una tala para producir carbón.
Sara James, activista estadounidense y Norma Kassi, activista canadiense. Defensoras del Refugio Nacional de la Vida silvestre del Ártico contra las prospecciones petrolíferas. Compartieron el premio con Jonathan Solomon.
Jean La Rose, activista ambiental de la Guayana Francesa. Coordinó la primera denuncia indigena para proteger el Medio Ambiente de la minería.

2003
Eileen Kampakuta Brown y Eileen Wani Wingfield, aborigenes australianas, que desarrollaron una campaña contra la construcción de un almacén de resíduos nucleares 
Julia Bonds, activista ambiental que lideró una campaña para evitar la minería en las cimas de las montañas en América del Norte.
María Elena Foronda Farro, activista peruana. Organizó una campaña para transformar las industrias de harina de pescado de Centroamérica y América del Sur y así evitar los grandes vertidos contaminantes que dañan la salud pública.

2004
Rashida Bee y Champa Devi Shukla,  activistas ambientales hindúes que organizaron una movilización para exigir la limpieza y la indemnización de las personas afectadas por el escape de gas de Bhopal.
Manana Kochladze, activista ambiental de Georgia fundadora del grupo Alternativa verde. Este grupo organizó campañas para proteger a los habitantes locales y el medio ambiente de las zonas afectadas por la tubería de petroleo bku-Tbilisi- Ceyhn.
Margie Richard, activista estadounidense. Luchadora contra los problemas de salud que generaba la Industria química Shell sobre la comunidada cercana en Norco (Louisiana).
Libia Grueso, activista por los Derechos humanos de Colombia. Recibió el galardón por su lucha para proteger la región selvática del Pacífico colombiano.

2005
Kaisha Atakhanova, bióloga de Kazajistán. Fue galardonada por liderar una  campaña contra un almacen de residuos radioactivos en su país.
Stephanie Danielle Roth, periodista medioambiental Recibió el premio Goldman por impulsar una campaña internacional para detener la construcción de la mayor mina de oro a cielo abierto en su país.


2006

Olya Melen, abogada ucraniana. Galardonada por detener la construcción de un canal de navegación en aguas profundas que hubiera destruido el delta del Danubio.
Anne Kajir, activista de Papúa Nueva Guinea. Ganó una demanda contra la tala ilegal de lo que queda de un bosque tropical en su país.


2007

Sophia Rabliauskas, activista ambiental defensora de la protección de los bosques boreales de Manitoba


2008

Marina Rikhvanova, activista ambiental rusa. Fue galardonada por liderar la campaña  de defensa del lago Baikal.
Rosa Hilda Ramos, activista ambiental de Puerto Rico. Fundadora de las Comunidades Unidas contra la Contaminación en un pequeño municipio colindante contra la capital.


2009

Rizwana Hasan, abogada ambientalista de Bangladesh que encabezó una batalla legal contra los los peligros del desguace de buques.
Olga Speranskaya, científica rusa que organizó una red de la sociedad civil para eliminar de forma gradual los productos tóxicos en el Medio Ambiente.
Yuyuan Ismawati, activista ambiental de Indonesia que implementó programas de gestión de residuos que proporcionan oportunidades de empleo a personas de bajos ingresos económicos.
Maria Gunnoe, activista estadounidense, que lucho contra la minería a cielo abierto en Los Apalaches.


2010

Thuli Brilliance Makama, abogada de Swaziland, que lucho durante mas de tres años para que las ONGs ambientales estuvieran representadas en los organismos gubernamentales de su país.
Malgorzata Górska, activista polaca. Lideró la lucha contra el proyecto de construcción de una autopista en el valle polaco de Raspuda, una de las últimas zonas vírgenes de Europa.
Lynn Henning, agricultora ambientalista, que denunció las prácticas contaminantes de las grajas de cría intensiva.    


2011

Ursula Sladek, empresaria alemana que creó la primera empresa de energía renovable en respuesta a la dependencia alemana a la energía nuclear.    

2012
Sophia Gatica, activista ambiental argentina, que organizó a las mujeres de su barrio Ituzaingó (Córdona) para frenar la fumigación indiscriminada en los campos de soja de los alrededores. 
Ikal Angelei, activista de Kenia, galardonada por organizar la población local contra la construcción de una presa que bloquearía el acceso de agua a las comunidades indígenas del lago Turkana. 
Evgenia Chirikova, activista rusa que movilizó a la sociedad civil contra una carretera que iba a atravesar el bosque Khimki de Moscú.  
Caroline Cannon, activista estadounidense  defensora de la comunidad local que luchaba contra las perforaciones petrolíferas del Ártico.


2013

Aleta Baun, activista ambiental indonesia que organizó la ocupación de las minas de mármol que atentaban contra los bosques sagrados de las montañas de la isla de Timor. 
Kimberly Wasserman, activista estadounidense que impulsó movilizaciones para conseguir transformas dos plantas de carbón en sendos parques y espacios públicos en la ciudad de Chicago.
Nohra Padilla, activista colombiana que consiguió convertir en legal el reciclaje y organizó la gestión de residuos. 

2014
Helen Slottje, abogada estadounidense. Galardonada por su lucha contra el fracking en el estado de Nueva York.
Ruth Buendía, dirigente indígena peruana. Líder de las protestas contra diversos proyectos de embalses y centrales hidroeléctricas, que atentaban contra los pueblos indígenas.

2015 
Phyllis Omido, activista keniata, organizó a la comunidad de Mombasa contra una fundición de plomo, cuya actividad dañaba gravemente la salud al elevar la cantidad de plomo en el ambiente.
Berta Cáceres, una mujer lenca de Honduras, que reunió a su pueblo y emprendió una campaña que presionó con éxito a la constructora de presas más grande del país, para retirar el proyecto Agua Zarca. Ha sido asesinada este año 2016.
Marilyn Baptiste, activista canadiense que luchó por partida doble para evitar la actividad minera para la extracción de cobre y oro en la zona del Fish Lake (Columbia británica), zona de alto significado espiritual para las comunidades aborígenes de Canadá.  
2016
Zuzana Caputova, abogada de Eslovaquia, ha logrado que se clausure un vertedero de residuos tóxicos que estaba contaminando el agua en su ciudad.
Destiny Watford, activista estadounidense ha conseguido, con ayuda de los residentes de Baltimore (Estados Unidos), que no se construya una gran incineradora de basuras cerca de un colegio de la ciudad. De 20 años de edad, se convirtió en una de las ganadoras más jóvenes de la historia del Premio Ambiental Goldman. 
Máxima Acuña, agricultora peruana, que  le ha ganado la batalla a una empresa minera que quería explotar sus tierras.

2017
Wendy Bowman, granjera australiana de 83 años, ha impedido que la poderosa multinacional china  Yancoal  continuara su expansión en  Hunter Valley, en Nueva Gales del Sur (Australia). El desarrollo de la minería del carbón, a cielo abierto, estaba expulsando a quienes vivían de la agricultura y la ganadería en la zona, además de producir problemas medioambientales y de salud.

2018
Francia Márques, líder de la comunidad afro-colombiana, organizó la lucha social para detener la minería ilegal de oro en las tierras de su comunidad.
Claire Nouvian, activista ambiental francesa,  líder de la campaña que consiguió prohibir la práctica pesquera destructiva del arrastre de fondo en alta mar.
Makoma Lekalakala y Liz McDaid , activistas sudafricanas, que desarrollaron una amplia coalición para detener el acuerdo nuclear entre Sudáfrica y Rusia.
Manny Calonzo, activista ambiental filipina, responsable de una campaña de defensa que consiguió que el gobierno filipino prohibiera la producción, venta y uso de pinturas con plomo.
LeeAnne Walters, activista estadounidense, líder de un movimiento ciudadano preocupado por la calidad del agua de Flint, que obligó a las autoridades a tomar medidas que garantizasen el agua potable limpia.


 Todas ellas han dedicado su esfuerzo, su energía, su tiempo y,  como en el caso de Berta Cáceres,  su  vida para conseguir preservar el medio ambiente para las generaciones futuras. Muchas gracias. 

21 abr. 2016

LAS BEGUINAS, CONQUISTADORAS DE ESPACIOS

ILUSTRACIONES. LAIA ARQUEROS CLARAMUNT 

21/04/2016
LAS BEGUINAS, CONQUISTADORAS DE ESPACIOS (publicado en el Fanzine Baulbasaur nº 6. Abril 2016)

Introducción
A  comienzos de la Edad Media se produjo un gran movimiento religioso femenino, cuando  las hijas de los señores feudales sin tierra o herencia tomaban los votos en monasterios y conventos, haciendo de estas instituciones lugares donde encontrar cobijo y manutención. En estos espacios las mujeres disfrutaban de un cierto grado de autonomía y podían desarrollar sus capacidades manuales e intelectuales. Así, algunas de estas mujeres  aprovechaban la falta de obligaciones familiares para poder dedicarse al estudio y para acceder al conocimiento de la época. De ese modo las mujeres se formaban como sanadoras, naturalistas, alquimistas, poetas o escritoras. El poder político y religioso de la época reaccionó ante este movimiento, que cada vez cobraba mayor fuerza, tomando medidas que acabaron convirtiendo esos lugares en espacios de clausura. La autoridad de los conventos, que hasta ese momento estaba en manos de las abadesas, se fue deteriorando  y el control de estas instituciones pasó a depender de abades varones.  
Es en este contexto, a finales del siglo XII, cuando surgió el movimiento de las Beguinas, un movimiento que representaba un modelo de vida femenina libre, independiente y laica, abierto a todas las mujeres, independientemente de la clase social a la que pertenecían.
Quienes han estudiado el tema opinan que este fenómeno, que permitía a cualquier mujer escapar del rol de esposa y madre, surgió en un momento en el que existía una superpoblación de mujeres. Esto era consecuencia directa de las numerosas guerras de la época en las que morían muchos hombres. A ello se añadía que los conventos estaban ya copados por mujeres de la nobleza que encontraban allí una alternativa al matrimonio obligado.  
¿Quiénes eran las beguinas?
Las beguinas eran mujeres de diferentes estratos sociales, que vivían en comunidad con otras mujeres sin estar sometidas ni a una autoridad masculina ni a la de una abadesa o madre superiora. Eran mujeres con alto contenido espiritual en su carácter, que querían dedicarse a la oración pero no profesar como monjas. Por eso no pertenecían a ninguna orden religiosa ni acataban los votos de pobreza y castidad. Gozaban de una gran libertad de acción y podían abandonar la comunidad en cualquier momento, por cualquier razón e incluso casarse y formar una familia. Su vida se regía por el Evangelio pero sin reglas articuladas, como sucedía en las órdenes religiosas.
Algunas vivían de su patrimonio personal, cuando lo tenían, y otras se mantenían  trabajando como costureras y bordadoras para las industrias textiles de la zona al tiempo que  cultivaban sus huertos. Además recibían donaciones y legados testamentarios, sobre todo de otras mujeres.
Por otro lado todas ellas se dedicaban a labores sociales tales como cuidar personas enfermas pobres,  trabajo en leproserías, atención a moribundos y enseñanza de niñas sin recursos. La defensa de la educación femenina era una piedra angular de sus vidas.
La mayoría de las beguinas se consagraban a algún arte, especialmente la música, la pintura y la literatura. Algunas de ellas desarrollaron además una brillante labor intelectual,  escribiendo sus propias obras o traduciendo obras religiosas a las lenguas de sus respectivos países. Abandonaron el uso del latín, conscientes de que solo era conocido por las clases pudientes, y escribieron en lenguas vernáculas para que cualquier persona pudiese tener acceso a la cultura.   
Los beguinatos
Las beguinas vestían con ropajes humildes característicos: una túnica beige y una toca blanca. Vivían en pequeñas comunidades, que gracias a la ayuda de la nobleza empezaron a construirse a principios del siglo XIII a las afueras de los núcleos urbanos. Estas comunidades reproducían hasta cierto punto el modelo de una pequeña ciudad: constaban de un patio central, a modo de plaza, ocupado por un jardín y rodeado por una o dos filas de pequeñas casas unidas por calles estrechas. Había una iglesia, una enfermería, un comedor comunitario, y uno o varios conventos para las novicias y para las beguinas que deseaban una vida más comunitaria o poseían pocos recursos económicos para tener su propia vivienda. La mayoría de las casas
tenían pocas ventanas, pequeñas y únicamente en la planta baja, ya  que a las beguinas les interesaba mucho preservar su intimidad. Todo el conjunto estaba rodeado por un muro con varias puertas, lo cual proporcionaba tranquilidad y sosiego a sus moradoras.
Cada beguinato tenía su propia organización y a veces existía una supervisora conocida como la Gran Dame. Esta figura era elegida democráticamente entre todas las mujeres que formaban la comunidad.
Según la opinión más aceptada, el primer beguinato fue constituido por un grupo de mujeres en Lieja (Bélgica), en 1180. A continuación, el movimiento se extendió a Holanda, al  norte de Francia, al oeste de Alemania, a España y a Polonia, alcanzando su máximo  desarrollo en el siglo XVI. Hubo épocas en las que llegó a haber más de cien beguinatos, y algunos de ellos llegaron a tener cientos e incluso miles de integrantes. Pero tras esta época de total auge se inició un proceso de retroceso y declive, debido sobre todo a presiones políticas y religiosas que les exigieron una vuelta al orden establecido. Algunos beguinatos fueron adquiridos por la nobleza y entregados a la Iglesia, otros se dedicaron a obras sociales, y la mayoría desaparecieron engullidos por el crecimiento de las ciudades durante la revolución industrial. Pese a ello, algunas comunidades belgas sobrevivieron hasta la segunda mitad del siglo XX.
En 1998 la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad trece beguinatos de Holanda y Bélgica. El más visitado es el de Brujas, ocupado por monjas benedictinas. El de Lovaina es parte de la universidad y otros como el de Gante, que fue uno de los últimos en cerrarse, en el año 2002, alquila sus casas para diferentes actividades.
La Iglesia y las beguinas
En un momento dado la Iglesia oficial empezó a mirar con desconfianza a las beguinas, porque eran libres, no estaban sometidas ni a reglas ni a maridos y porque expresaban sus experiencias místicas y su doctrina en su lengua vernácula. Además practicaban la norma de que cualquier persona podía acceder a la cultura y al conocimiento.
Tampoco las órdenes religiosas las veían con buenos ojos, ya que pensaban que las donaciones que recibían de la nobleza eran en detrimento de las destinadas a sus  conventos. En 1307 el papa Clemente V editó la bula Regnum in Coelis, en la que convocó el concilio de Vienne. En este concilio, que se celebró entre 1311 y 1312,  el papa censuró la forma de actuar de las beguinas y decretó que debían ser prohibidas y excluidas de la Iglesia. En 1321, el papa Juan XXII suavizó este decreto, lo que permitió que las beguinas  continuasen con su estilo de vida durante un tiempo, para ser de nuevo perseguidas bajo los papados de Urbano V y Gregorio XI. Finalmente en 1452, el papa Nicolás V decretó la inclusión de las beguinas en la orden de las carmelitas, y ocho años más tarde, el duque de Borgoña, Carlos I de Valois, el Temerario, ordenó también la entrega de sus bienes.
Parte de la estrategia de la Iglesia para luchar contra este movimiento consistió en acusar a las beguinas de herejes y brujas. Como tales fueron perseguidas a lo largo del tiempo y esta fue una de las principales causas de su declive. Finalmente, encontraron como último refugio y reducto el mismo lugar que las había visto nacer: los Países Bajos.
Beguinas célebres/algunas beguinas
Estas mujeres, además de una experiencia de vida basada en la sororidad y la libertad, dejaron a las generaciones futuras un legado cultural importante. Muchas de ellas escribieron sobre su experiencia mística y sus textos han llegado hasta nuestros días.
Marie d`Oignies de Lieja (s. X - XI). Pertenecía a la alta sociedad de Nivelles (Bélgica). Fue obligada a casarse muy joven a pesar de su fuerte sentimiento religioso. Durante siete años ella y su marido vivieron como hermanos, dedicados al cuidado de los leprosos. Con treinta años consiguió convencer a su marido para que le dejara recluirse en la comunidad de beguinas de Oignies y así poder dedicarse a la vida religiosa. El beguinato de Oignies es uno de los primeros de los que se tiene constancia
Margarite de Porète (s.XIV). Autora de El espejo de las almas simples. En 1310 fue quemada viva en la hoguera en París, después de un proceso inquisitorial en el que 21 teólogos la juzgaron por ser beguina, por negarse a retirar su libro de la circulación o destruirlo, y por no renunciar a sus ideas. Su figura nunca ha sido rehabilitada y hasta 1946 no se supo que era ella la autora de la obra. Tras su muerte el libro circuló con autor anónimo o bajo autoría masculina. Escrito en francés antiguo se tradujo al latín y a otras lenguas y tuvo una amplia difusión.
Beatriz de Nazaret (s.XIII). Nació cerca de Lovaina (Bélgica) y estuvo muy poco tiempo en un beguinato, lugar donde la llevó su padre al quedarse viudo. Pasó el resto de su vida en un convento donde terminó de escribir su obra Las siete formas del amor, relato en forma de diario íntimo donde recogió el proceso de cómo su alma se acercaba a Dios.  
Matilde de Magdeburgo (s. XIII). Fue beguina durante 40 años y tal vez agobiada por las críticas y persecución a la que estaba sometida, a los 62 años se refugió, en el convento cisterciense de Helfta, en el norte de Alemania. No existe constancia de que tomara los votos. Escribió en alemán La luz resplandeciente de la divinidad, en la que mediante diálogos, confesiones y revelaciones, expresó su ilimitado amor por Dios. En este poemario se describen las reglas de las beguinas:
Debes amar la nada
Debes huir del algo
Debes permanecer sola y no ir a casa de nadie
Debes ser activa y libre de todas las cosas
Y liberar a los cautivos y encarcelar a los libres
Debes consolar a los enfermos y no quedarte nada para ti
Debes beber el agua del sufrimiento
Y alumbrar el fuego del amor con los leños de las virtudes
Y así habitarás el verdadero desierto
                        
Hadewijch de Ámberes (s.XIII). Más conocida por su obra escrita que por la información existente sobre su vida. Su obra se redescubrió en el siglo XIX y está compuesta por  Cartas dirigidas a un grupo de mujeres que eran sus discípulas, una recopilación titulada Visiones que estaba escrita en holandés y 45 poemas. Todos sus textos son considerados obras maestras de la mística medieval.
Las beguinas en la Península Ibérica
El movimiento de las beguinas aparece ya documentado en la Castilla del siglo XV, donde se presentan con el nombre de beatas, que quiere decir bienaventuradas o felices. Pertenecían a las clases populares, vivían de rentas si las tenían, pero sobre todo de su trabajo y como todas sus hermanas europeas, crearon hospitales para pobres y escuelas para niñas.
Las beatas vivieron discretamente en grupo de dos o en pequeños grupos y la época de mayor desarrollo se dio en la baja Edad Media. La reforma del cardenal Cisneros, y sobre todo el concilio de Trento, las obligó a convertirse en ayudantes de las órdenes religiosas convencionales, especialmente de las franciscanas, o a ingresar en otras órdenes como monjas con todos los votos.
Las reclusas, nombre con el que se conocían a las beguinas en Cataluña, están presentes  en el principado desde la segunda mitad del siglo XIII. El beguinato sobre el que existe más documentación es el de Santa Margarita. Este beguinato fue iniciado a mediados del siglo XIV por una joven de la burguesía catalana y durante 70 años estuvo ocupado por un grupo muy reducido de beguinas. En 1418, otra barcelonesa, Brígida Terrera, se recluyó en Santa Margarita, y la comunidad,  ya por entonces bastante numerosa, pasó a llamarse Les Terreres.
Elisabet Cifre (s. XIII - XIV). Es una beguina mallorquina que fundó en Palma la Casa de criança, escuela para niñas internas que gozó de un gran prestigio y permaneció abierta hasta mediados del siglo XX. Sus manuscritos, conservados en la biblioteca del Palau Vivot de Palma, permiten conocer su misticismo y sus inquietudes y preocupaciones.
Las beguinas del siglo XXI
La última representante de este movimiento, definido por la catedrática de Historia medieval de la Universidad de Barcelona María Milagros Rivera Garretas como “una forma de vida inventada por mujeres para mujeres”, ha sido Marcella Pattijn,  fallecida en 2013. La llamada  última beguina había nacido en la colonia belga de El Congo en 1920  y veinte años más tarde ingresó en el beguinato de Saint Elisabeth en Gante, que en aquel momento aún tenía 260 mujeres. Ya en 1960 se trasladó al beguinato de Kortrijk, donde sobrevivía la última comunidad de beguinas formada por ocho mujeres. Los últimos diez años de su vida los pasó en una residencia.
Con la muerte de Marcella Pattijn terminó una experiencia de vida: la de unas mujeres libres que desafiaron al poder de su época. En la actualidad existen colectivos con esta denominación, proyectos urbanísticos, por ejemplo en Bremen y Dortmund (Alemania)   inspirados en el diseño de los beguinatos para agrupar a mujeres que quieran vivir solas y ayudarse entre ellas, pero es evidente que el fenómeno sociológico que estas mujeres representaban, aunque en estos momentos continúa inspirando a otras, estuvo muy definido y singularizado por las situaciones concretas de la época en la que vivieron.


BIBLIOGRAFÍA
BOTINAS I MONTERO, ELENA; CABALEIRO I MANZANEDO, JULIA; DURAN I VINYETA, Mª DELS ÀNGELS. LES BEGUINES: LA RAÓ IL.LUMINADA PER AMOR.  Publicació de l ´Abadia de Montserrat. 2002.
DUBY, GEORGES; PERROT, MICHELLE. HISTORIA DE LAS MUJERES. 2. EDAD MEDIA. Ed. TAURUS. 2000.
RIVERA GARRETAS, MARÍA-MILAGROS. LA DIFERENCIA SEXUAL EN LA HISTORIA. Publicaciones Universidad  de Valencia. 2005.

8 abr. 2016

CIENTÍFICAS EN LA LITERATURA DE FICCIÓN. 7. MARÍA LA JUDÍA -GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

        08/04/2016

     Tras ordenar las lecturas, hechas hasta la fecha, de novelas en las que aparecen científicas,  tanto reales como ficticias me atrevo a establecer tres grandes bloques de las situaciones encontradas:

      1. Libros en los que se nombra a una científica real. Algunas veces el porqué de esta aparición no se ve con claridad, otras veces su aparición en la novela  es claramente  un homenaje por parte del autor o autora del libro. Algunas de las entradas que ya se recogen en este blog pertenecen a este grupo, como es el caso de Donna Leon cuando nombra a Maria Sibylla Merian , en Muerte entre líneas y el de Ian McEwan y la científica Rosalind Franklin en Amor Perdurable.

      2. Libros protagonizados por científicas . En este caso   las científicas reales que aparecen son objeto de un homenaje y  otras veces un referente para la protagonista de la novela. A este apartado pertenecen las entradas al blog referentes a los siguientes libros: Cortejo de Muerte (Julie Parsons, 2002), La Marea hambrienta (Amitav Ghost, 2005), Verano Pródigo (Barbara Kingsolver,2001)  y Domina (Barbara Wood, 1984). 


     3. Libros que giran sobre Marie Curie ya que  como ocurre en la vida real, Marie Curie se convierte en la científica que más veces he encontrado reflejada en una novela.





    En el  clásico de la literatura sudamericana CIEN AÑOS DE SOLEDAD de Gabriel García Márquez,  muy al principio  (página 16), cuando los gitanos le  regalan al padre de  Aureliano Buendía un laboratorio de alquimia, en  la descripción de  los aparatos que lo componen se nombra el alambique de María la Judía. 





   
      María la Judía (siglo I). Esta mujer, que  vivió en Alejandría, estableció las bases teóricas y prácticas de la alquimia occidental. Su preocupación fundamental fue el descubrimiento de la piedra filosofal, para lo cual trabajó con distintas aleaciones de cobre, plomo, plata y oro. También sintetizó un sulfuro de plomo y cobre empleado por los pintores como pigmento negro y conocido por los y las artistas plásticos como negro de maría. Bajo el nombre de María la Profetisa, escribió varios tratados que más tarde fueron manipulados, ampliados y confundidos con otras obras. Existen fragmentos de sus textos, incluyendo el María Práctica, en colecciones de alquimia antigua. 

Esta científica inventó numerosos aparatos de laboratorio para la destilación, la sublimación, y el más conocido de sus inventos: el baño maría.

María también diseñó dos modelos de alambique, el kerotakis y el tribikos. El primero fue descrito así por María: "consta de tres partes, una en la que se calienta el material que hay que destilar, una parte fria para condensar el vapor, y otra para recogerlo. Una pieza de metal triangular o rectangular servía para mantenerlo caliente".


 Esta mención de María la judía creo que debe considerarse  casi una anécdota, pero  al mismo tiempo evidencia la importancia de esta figura en el mundo de la alquimia.