21 abr. 2016

LAS BEGUINAS, CONQUISTADORAS DE ESPACIOS

ILUSTRACIONES. LAIA ARQUEROS CLARAMUNT 

21/04/2016
LAS BEGUINAS, CONQUISTADORAS DE ESPACIOS (publicado en el Fanzine Baulbasaur nº 6. Abril 2016)

Introducción
A  comienzos de la Edad Media se produjo un gran movimiento religioso femenino, cuando  las hijas de los señores feudales sin tierra o herencia tomaban los votos en monasterios y conventos, haciendo de estas instituciones lugares donde encontrar cobijo y manutención. En estos espacios las mujeres disfrutaban de un cierto grado de autonomía y podían desarrollar sus capacidades manuales e intelectuales. Así, algunas de estas mujeres  aprovechaban la falta de obligaciones familiares para poder dedicarse al estudio y para acceder al conocimiento de la época. De ese modo las mujeres se formaban como sanadoras, naturalistas, alquimistas, poetas o escritoras. El poder político y religioso de la época reaccionó ante este movimiento, que cada vez cobraba mayor fuerza, tomando medidas que acabaron convirtiendo esos lugares en espacios de clausura. La autoridad de los conventos, que hasta ese momento estaba en manos de las abadesas, se fue deteriorando  y el control de estas instituciones pasó a depender de abades varones.  
Es en este contexto, a finales del siglo XII, cuando surgió el movimiento de las Beguinas, un movimiento que representaba un modelo de vida femenina libre, independiente y laica, abierto a todas las mujeres, independientemente de la clase social a la que pertenecían.
Quienes han estudiado el tema opinan que este fenómeno, que permitía a cualquier mujer escapar del rol de esposa y madre, surgió en un momento en el que existía una superpoblación de mujeres. Esto era consecuencia directa de las numerosas guerras de la época en las que morían muchos hombres. A ello se añadía que los conventos estaban ya copados por mujeres de la nobleza que encontraban allí una alternativa al matrimonio obligado.  
¿Quiénes eran las beguinas?
Las beguinas eran mujeres de diferentes estratos sociales, que vivían en comunidad con otras mujeres sin estar sometidas ni a una autoridad masculina ni a la de una abadesa o madre superiora. Eran mujeres con alto contenido espiritual en su carácter, que querían dedicarse a la oración pero no profesar como monjas. Por eso no pertenecían a ninguna orden religiosa ni acataban los votos de pobreza y castidad. Gozaban de una gran libertad de acción y podían abandonar la comunidad en cualquier momento, por cualquier razón e incluso casarse y formar una familia. Su vida se regía por el Evangelio pero sin reglas articuladas, como sucedía en las órdenes religiosas.
Algunas vivían de su patrimonio personal, cuando lo tenían, y otras se mantenían  trabajando como costureras y bordadoras para las industrias textiles de la zona al tiempo que  cultivaban sus huertos. Además recibían donaciones y legados testamentarios, sobre todo de otras mujeres.
Por otro lado todas ellas se dedicaban a labores sociales tales como cuidar personas enfermas pobres,  trabajo en leproserías, atención a moribundos y enseñanza de niñas sin recursos. La defensa de la educación femenina era una piedra angular de sus vidas.
La mayoría de las beguinas se consagraban a algún arte, especialmente la música, la pintura y la literatura. Algunas de ellas desarrollaron además una brillante labor intelectual,  escribiendo sus propias obras o traduciendo obras religiosas a las lenguas de sus respectivos países. Abandonaron el uso del latín, conscientes de que solo era conocido por las clases pudientes, y escribieron en lenguas vernáculas para que cualquier persona pudiese tener acceso a la cultura.   
Los beguinatos
Las beguinas vestían con ropajes humildes característicos: una túnica beige y una toca blanca. Vivían en pequeñas comunidades, que gracias a la ayuda de la nobleza empezaron a construirse a principios del siglo XIII a las afueras de los núcleos urbanos. Estas comunidades reproducían hasta cierto punto el modelo de una pequeña ciudad: constaban de un patio central, a modo de plaza, ocupado por un jardín y rodeado por una o dos filas de pequeñas casas unidas por calles estrechas. Había una iglesia, una enfermería, un comedor comunitario, y uno o varios conventos para las novicias y para las beguinas que deseaban una vida más comunitaria o poseían pocos recursos económicos para tener su propia vivienda. La mayoría de las casas
tenían pocas ventanas, pequeñas y únicamente en la planta baja, ya  que a las beguinas les interesaba mucho preservar su intimidad. Todo el conjunto estaba rodeado por un muro con varias puertas, lo cual proporcionaba tranquilidad y sosiego a sus moradoras.
Cada beguinato tenía su propia organización y a veces existía una supervisora conocida como la Gran Dame. Esta figura era elegida democráticamente entre todas las mujeres que formaban la comunidad.
Según la opinión más aceptada, el primer beguinato fue constituido por un grupo de mujeres en Lieja (Bélgica), en 1180. A continuación, el movimiento se extendió a Holanda, al  norte de Francia, al oeste de Alemania, a España y a Polonia, alcanzando su máximo  desarrollo en el siglo XVI. Hubo épocas en las que llegó a haber más de cien beguinatos, y algunos de ellos llegaron a tener cientos e incluso miles de integrantes. Pero tras esta época de total auge se inició un proceso de retroceso y declive, debido sobre todo a presiones políticas y religiosas que les exigieron una vuelta al orden establecido. Algunos beguinatos fueron adquiridos por la nobleza y entregados a la Iglesia, otros se dedicaron a obras sociales, y la mayoría desaparecieron engullidos por el crecimiento de las ciudades durante la revolución industrial. Pese a ello, algunas comunidades belgas sobrevivieron hasta la segunda mitad del siglo XX.
En 1998 la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad trece beguinatos de Holanda y Bélgica. El más visitado es el de Brujas, ocupado por monjas benedictinas. El de Lovaina es parte de la universidad y otros como el de Gante, que fue uno de los últimos en cerrarse, en el año 2002, alquila sus casas para diferentes actividades.
La Iglesia y las beguinas
En un momento dado la Iglesia oficial empezó a mirar con desconfianza a las beguinas, porque eran libres, no estaban sometidas ni a reglas ni a maridos y porque expresaban sus experiencias místicas y su doctrina en su lengua vernácula. Además practicaban la norma de que cualquier persona podía acceder a la cultura y al conocimiento.
Tampoco las órdenes religiosas las veían con buenos ojos, ya que pensaban que las donaciones que recibían de la nobleza eran en detrimento de las destinadas a sus  conventos. En 1307 el papa Clemente V editó la bula Regnum in Coelis, en la que convocó el concilio de Vienne. En este concilio, que se celebró entre 1311 y 1312,  el papa censuró la forma de actuar de las beguinas y decretó que debían ser prohibidas y excluidas de la Iglesia. En 1321, el papa Juan XXII suavizó este decreto, lo que permitió que las beguinas  continuasen con su estilo de vida durante un tiempo, para ser de nuevo perseguidas bajo los papados de Urbano V y Gregorio XI. Finalmente en 1452, el papa Nicolás V decretó la inclusión de las beguinas en la orden de las carmelitas, y ocho años más tarde, el duque de Borgoña, Carlos I de Valois, el Temerario, ordenó también la entrega de sus bienes.
Parte de la estrategia de la Iglesia para luchar contra este movimiento consistió en acusar a las beguinas de herejes y brujas. Como tales fueron perseguidas a lo largo del tiempo y esta fue una de las principales causas de su declive. Finalmente, encontraron como último refugio y reducto el mismo lugar que las había visto nacer: los Países Bajos.
Beguinas célebres/algunas beguinas
Estas mujeres, además de una experiencia de vida basada en la sororidad y la libertad, dejaron a las generaciones futuras un legado cultural importante. Muchas de ellas escribieron sobre su experiencia mística y sus textos han llegado hasta nuestros días.
Marie d`Oignies de Lieja (s. X - XI). Pertenecía a la alta sociedad de Nivelles (Bélgica). Fue obligada a casarse muy joven a pesar de su fuerte sentimiento religioso. Durante siete años ella y su marido vivieron como hermanos, dedicados al cuidado de los leprosos. Con treinta años consiguió convencer a su marido para que le dejara recluirse en la comunidad de beguinas de Oignies y así poder dedicarse a la vida religiosa. El beguinato de Oignies es uno de los primeros de los que se tiene constancia
Margarite de Porète (s.XIV). Autora de El espejo de las almas simples. En 1310 fue quemada viva en la hoguera en París, después de un proceso inquisitorial en el que 21 teólogos la juzgaron por ser beguina, por negarse a retirar su libro de la circulación o destruirlo, y por no renunciar a sus ideas. Su figura nunca ha sido rehabilitada y hasta 1946 no se supo que era ella la autora de la obra. Tras su muerte el libro circuló con autor anónimo o bajo autoría masculina. Escrito en francés antiguo se tradujo al latín y a otras lenguas y tuvo una amplia difusión.
Beatriz de Nazaret (s.XIII). Nació cerca de Lovaina (Bélgica) y estuvo muy poco tiempo en un beguinato, lugar donde la llevó su padre al quedarse viudo. Pasó el resto de su vida en un convento donde terminó de escribir su obra Las siete formas del amor, relato en forma de diario íntimo donde recogió el proceso de cómo su alma se acercaba a Dios.  
Matilde de Magdeburgo (s. XIII). Fue beguina durante 40 años y tal vez agobiada por las críticas y persecución a la que estaba sometida, a los 62 años se refugió, en el convento cisterciense de Helfta, en el norte de Alemania. No existe constancia de que tomara los votos. Escribió en alemán La luz resplandeciente de la divinidad, en la que mediante diálogos, confesiones y revelaciones, expresó su ilimitado amor por Dios. En este poemario se describen las reglas de las beguinas:
Debes amar la nada
Debes huir del algo
Debes permanecer sola y no ir a casa de nadie
Debes ser activa y libre de todas las cosas
Y liberar a los cautivos y encarcelar a los libres
Debes consolar a los enfermos y no quedarte nada para ti
Debes beber el agua del sufrimiento
Y alumbrar el fuego del amor con los leños de las virtudes
Y así habitarás el verdadero desierto
                        
Hadewijch de Ámberes (s.XIII). Más conocida por su obra escrita que por la información existente sobre su vida. Su obra se redescubrió en el siglo XIX y está compuesta por  Cartas dirigidas a un grupo de mujeres que eran sus discípulas, una recopilación titulada Visiones que estaba escrita en holandés y 45 poemas. Todos sus textos son considerados obras maestras de la mística medieval.
Las beguinas en la Península Ibérica
El movimiento de las beguinas aparece ya documentado en la Castilla del siglo XV, donde se presentan con el nombre de beatas, que quiere decir bienaventuradas o felices. Pertenecían a las clases populares, vivían de rentas si las tenían, pero sobre todo de su trabajo y como todas sus hermanas europeas, crearon hospitales para pobres y escuelas para niñas.
Las beatas vivieron discretamente en grupo de dos o en pequeños grupos y la época de mayor desarrollo se dio en la baja Edad Media. La reforma del cardenal Cisneros, y sobre todo el concilio de Trento, las obligó a convertirse en ayudantes de las órdenes religiosas convencionales, especialmente de las franciscanas, o a ingresar en otras órdenes como monjas con todos los votos.
Las reclusas, nombre con el que se conocían a las beguinas en Cataluña, están presentes  en el principado desde la segunda mitad del siglo XIII. El beguinato sobre el que existe más documentación es el de Santa Margarita. Este beguinato fue iniciado a mediados del siglo XIV por una joven de la burguesía catalana y durante 70 años estuvo ocupado por un grupo muy reducido de beguinas. En 1418, otra barcelonesa, Brígida Terrera, se recluyó en Santa Margarita, y la comunidad,  ya por entonces bastante numerosa, pasó a llamarse Les Terreres.
Elisabet Cifre (s. XIII - XIV). Es una beguina mallorquina que fundó en Palma la Casa de criança, escuela para niñas internas que gozó de un gran prestigio y permaneció abierta hasta mediados del siglo XX. Sus manuscritos, conservados en la biblioteca del Palau Vivot de Palma, permiten conocer su misticismo y sus inquietudes y preocupaciones.
Las beguinas del siglo XXI
La última representante de este movimiento, definido por la catedrática de Historia medieval de la Universidad de Barcelona María Milagros Rivera Garretas como “una forma de vida inventada por mujeres para mujeres”, ha sido Marcella Pattijn,  fallecida en 2013. La llamada  última beguina había nacido en la colonia belga de El Congo en 1920  y veinte años más tarde ingresó en el beguinato de Saint Elisabeth en Gante, que en aquel momento aún tenía 260 mujeres. Ya en 1960 se trasladó al beguinato de Kortrijk, donde sobrevivía la última comunidad de beguinas formada por ocho mujeres. Los últimos diez años de su vida los pasó en una residencia.
Con la muerte de Marcella Pattijn terminó una experiencia de vida: la de unas mujeres libres que desafiaron al poder de su época. En la actualidad existen colectivos con esta denominación, proyectos urbanísticos, por ejemplo en Bremen y Dortmund (Alemania)   inspirados en el diseño de los beguinatos para agrupar a mujeres que quieran vivir solas y ayudarse entre ellas, pero es evidente que el fenómeno sociológico que estas mujeres representaban, aunque en estos momentos continúa inspirando a otras, estuvo muy definido y singularizado por las situaciones concretas de la época en la que vivieron.


BIBLIOGRAFÍA
BOTINAS I MONTERO, ELENA; CABALEIRO I MANZANEDO, JULIA; DURAN I VINYETA, Mª DELS ÀNGELS. LES BEGUINES: LA RAÓ IL.LUMINADA PER AMOR.  Publicació de l ´Abadia de Montserrat. 2002.
DUBY, GEORGES; PERROT, MICHELLE. HISTORIA DE LAS MUJERES. 2. EDAD MEDIA. Ed. TAURUS. 2000.
RIVERA GARRETAS, MARÍA-MILAGROS. LA DIFERENCIA SEXUAL EN LA HISTORIA. Publicaciones Universidad  de Valencia. 2005.

8 abr. 2016

CIENTÍFICAS EN LA LITERATURA DE FICCIÓN. 7. MARÍA LA JUDÍA -GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

        08/04/2016

     Tras ordenar las lecturas, hechas hasta la fecha, de novelas en las que aparecen científicas,  tanto reales como ficticias me atrevo a establecer tres grandes bloques de las situaciones encontradas:

      1. Libros en los que se nombra a una científica real. Algunas veces el porqué de esta aparición no se ve con claridad, otras veces su aparición en la novela  es claramente  un homenaje por parte del autor o autora del libro. Algunas de las entradas que ya se recogen en este blog pertenecen a este grupo, como es el caso de Donna Leon cuando nombra a Maria Sibylla Merian , en Muerte entre líneas y el de Ian McEwan y la científica Rosalind Franklin en Amor Perdurable.

      2. Libros protagonizados por científicas . En este caso   las científicas reales que aparecen son objeto de un homenaje y  otras veces un referente para la protagonista de la novela. A este apartado pertenecen las entradas al blog referentes a los siguientes libros: Cortejo de Muerte (Julie Parsons, 2002), La Marea hambrienta (Amitav Ghost, 2005), Verano Pródigo (Barbara Kingsolver,2001)  y Domina (Barbara Wood, 1984). 


     3. Libros que giran sobre Marie Curie ya que  como ocurre en la vida real, Marie Curie se convierte en la científica que más veces he encontrado reflejada en una novela.





    En el  clásico de la literatura sudamericana CIEN AÑOS DE SOLEDAD de Gabriel García Márquez,  muy al principio  (página 16), cuando los gitanos le  regalan al padre de  Aureliano Buendía un laboratorio de alquimia, en  la descripción de  los aparatos que lo componen se nombra el alambique de María la Judía. 





   
      María la Judía (siglo I). Esta mujer, que  vivió en Alejandría, estableció las bases teóricas y prácticas de la alquimia occidental. Su preocupación fundamental fue el descubrimiento de la piedra filosofal, para lo cual trabajó con distintas aleaciones de cobre, plomo, plata y oro. También sintetizó un sulfuro de plomo y cobre empleado por los pintores como pigmento negro y conocido por los y las artistas plásticos como negro de maría. Bajo el nombre de María la Profetisa, escribió varios tratados que más tarde fueron manipulados, ampliados y confundidos con otras obras. Existen fragmentos de sus textos, incluyendo el María Práctica, en colecciones de alquimia antigua. 

Esta científica inventó numerosos aparatos de laboratorio para la destilación, la sublimación, y el más conocido de sus inventos: el baño maría.

María también diseñó dos modelos de alambique, el kerotakis y el tribikos. El primero fue descrito así por María: "consta de tres partes, una en la que se calienta el material que hay que destilar, una parte fria para condensar el vapor, y otra para recogerlo. Una pieza de metal triangular o rectangular servía para mantenerlo caliente".


 Esta mención de María la judía creo que debe considerarse  casi una anécdota, pero  al mismo tiempo evidencia la importancia de esta figura en el mundo de la alquimia.



31 mar. 2016

DESCUBRIDORAS DE VACUNAS

Exp. ENREDADAS (centro cultural Borges. Buenos Aires.Febrero 2014). Foto Teresa Claramunt

La viruela, la meningitis B y C y la poliomielitis son enfermedades que "casi" están controladas gracias a la existencia de vacunas especificas. Lady Mary Wortley Montagu, Concepción Campa Huergo y Eugenia Sacerdote de Luvig han contribuido al desarrollo y éxito de dichas vacunas.

       MARY WORTLEY MONTAGU (1689-1762). Lady Mary no poseía formación académica como médica pero si una enorme inquietud científica y una enorme erudición desde muy joven. Preocupada por la elevada mortandad que la viruela causaba en Inglaterra (la epidemia de 1721 causó 3.000 muertos en Londres), observó en uno de los viajes en los que acompañó a su marido, embajador británico en Turquía, cómo las sanadoras turcas inoculaban pus de una víctima de un ataque leve de viruela como método de prevención. La inmunización contra la viruela era bien conocida desde hacía siglos en Medio y Extremo Oriente y por las lecheras británicas que sabían que el contacto con la viruela de las vacas producía inmunidad. A su regreso a Inglaterra comenzó a practicar esta medida como factor de prevención. Empezó con su hija, con huérfanos y con prisioneros, logrando el auspicio de sus experimentos por la Princesa de Gales. Dado que esta práctica empezó a extenderse por el país, encontró una fuerte oposición de la clase médica y de la Iglesia. A pesar de ello, la variolización se propagó por toda Gran Bretaña y por el resto de Europa.
Sus trabajos sobre esta terapia de inmunización fueron un primer paso para el reconocimiento del origen microbiano de muchas enfermedades.
Edward Jenner (1749-1823) fue el descubridor oficial de la vacuna contra la viruela y casi nunca se menciona la importante contribución de Lady Mary Wortley Montagu.

CONCEPCIÓN CAMPA  HUERGO (1951-). Farmacéutica cubana,  nacida en Sagua la Grande, desde su adolescencia  sintió siempre predisposición hacia temas relacionados con la salud, diplomándose en Ciencias Farmacéuticas en 1974. Comenzó su etapa investigadora en el Centro de Preparados Biológicos de La Habana donde trabajó al comienzo como supervisora de las vacunas y posteriormente se integró en el grupo de investigación de la vacuna antimeningocócica. Es la descubridora de la única vacuna con eficacia comprobada que existe en el mundo contra la meningitis B y C. Por tal motivo la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual le otorgó la medalla de oro.
 En mayo de 2003 la Fundación Cultural y Científica Iberoamericana, con sede en Madrid, otorgó a Concepción Campa el Premio Iberoamericano José Martí por sus méritos como investigadora de prestigio mundial y en especial por el desarrollo de la vacuna contra la meningitis.
Directora del Instituto Finley, centro de investigación y producción de vacunas y sueros, es miembro activo en política y madre de familia. En la actualidad, Concepción Campa está liderando la creación de una vacuna contra el cólera, el dengue y la hepatitis, aunque su investigación principal se orienta hacia el cólera.

      EUGENIA SACERDOTE DE LUSTIG (1910-2011). Médica italiana, nacida en Turin.  Estudió medicina junto a su prima RITA LEVI MONTALCINI, en una época en que el acceso a la universidad era muy difícil para las mujeres. Ambas y junto a otras dos compañeras obtuvieron su título en 1936. Tres años más tarde emigró junto a su marido e hija a Argentina para huir de las leyes raciales dictadas por Mussolini contra los judíos.
 Tras vencer muchas dificultades por ser mujer y judía consiguió trabajar en la cátedra de Histología de la universidad de Buenos Aires aunque sin recibir por ello ninguna retribución económica. Fue pionera en el cultivo de células vivas, in vitro. 
En la década de los años 50 se produjo una importante epidemia de poliomielitis en Buenos Aires y la Organización Mundial de la Salud la envió a EE.UU para trabajar con el profesor Jonas Salk, que estaba desarrollando una vacuna contra la polio. Cuando retornó a la Argentina se inoculó en público e hizo lo mismo con sus hijos para convencer a la población de los beneficios de la vacuna contra la poliomielitis.
La vacuna de Jonas Salk ya no se utilizan. Actualmente se usan otras más modernas, pero todas ellas basadas en el modelo de J. Salk.

31/03/2016

16 mar. 2016

COMENTARIOS DE TEXTO, UN RECURSO PARA VISIBILIZAR LAS MUJERES CIENTÍFICAS EN EL AULA. 3 ROSALIND FRANKLIN

El estudio del material genético y de la estructura  del ADN es un tema que ocupa muchas horas de clase en las programaciones de ciencias naturales y biología, en todos los niveles educativos. Explicar cómo ocurrió el proceso científico de su descubrimiento es importante para que el alumnado comprenda como se desarrolla la ciencia. Siempre se suele asociar la estructura secundaria del ADN a James Watson y Francis Crick, en muchas ocasiones aparece también el de  Maurice Wilkins y, en  muy pocas, el de Rosalind Franklin. Poner en valor la figura de Rosalind es importante por varias razones: para hacer justicia sobre su trabajo y para presentar referentes femeninos al alumnado, algo totalmente necesario si se quiere acercar la ciencia a las chicas.

El texto seleccionado para esta actividad complementaria pone en evidencia el sexismo presente en la comunidad científica. Sirve para trabajar en el aula el carácter androcéntrico de la ciencia y discutir la generalizada idea de que la ciencia es objetiva y neutra.

La ciencia es una actividad humana moldeada por las condiciones económicas, sociales y culturales de la sociedad en que se desarrolla y por las condiciones personales de los miembros de la comunidad científica. Esto hace que la ciencia constituya una entidad social impregnada de valores, y no simplemente un esfuerzo puramente cognitivo o un acto impersonal.


  
ROSALIND FRANKLIN (1920-1958).

CRISTALÓGRAFA,CODESCUBRIDORA DE LA DOBLE HÉLICE DEL ADN

“Maurice (Wilkins) poseía ambas cualidades, era evidente; prueba de ello es que fue el primero que se dedicó a investigar el ADN. Pero Francis (Crack) sentía que nunca lograría convencer a Maurice de que uno no puede ir con cautela cuando tiene entre manos dinamita como el ADN. Además cada vez era más difícil a Maurice apartar de su mente a su ayudante Rosalind Franklin.
No era que estuviese enamorado de Rosy, como nosotros la llamábamos, todo lo contrario. Casi desde el mismo momento en que llegó al laboratorio de Maurice, empezaron a contrariarse mutuamente. Maurice, un principiante en el trabajo de difracción de los rayos X, necesitaba alguna ayuda profesional y confiaba en que Rosy, experta cristalógrafa, pudiera ayudarle en sus investigaciones. Sin embargo, Rosy no veía la situación de esta manera. Pretendía que el ADN era problema suyo y no se consideraba como ayudante de Maurice.
Sospecho que al principio Maurice esperaba que Rosy se pacificaría. No obstante bastaba con fijarse en ella para saber que no se doblegaría con facilidad. Se abstenía deliberadamente de realzar sus cualidades femeninas. Aunque sus rasgos eran algo angulosos ni carecía de atractivo, y si hubiera prestado un poco más de interés a su modo de vestir habría resultado deslumbrante. Pero no lo hacía. Nunca había carmín en sus labios que contrastara con sus negros cabellos y, a sus treinta y un años, su atuendo no demostraba más imaginación que la de las adolescentes inglesas de medias azules.
James Watson: La doble hélice ( Ed. Salvat/Ciencia. Barcelona, 1994).

Actividades.



  1. ¿De qué trata el texto de James Watson, extraído de su libro La doble hélice.
  2. Investiga datos biográficos de Rosalind Franklin y escribe una pequeña reseña resaltando su aportación al mundo de la biología molecular
  3. Expresa tu opinión sobre el texto de James Watson  

La  figura de Rosalind Franklin ha sido ya visibilizada en este blog, en otras ocasiones:


  • 10 BIÓLOGAS QUE NO ESTÁN EN LOS LIBROS DE TEXTO Y DEBERÍAN ESTAR. (02/09/2015)
  • CIENTÍFICAS EN LA LITERATURA DE FICCIÓN. 2. ROSALIND FRANKLIN-IAN McEWAN. (13/05/2014)
  • AÑO INTERNACIONAL DE LA CRISTALOGRAFÍA. MUJERES CRISTALOGRAFAS. (11/09/2014)
  • PREMIO NOBEL DE LA PAZ. (09/10/2011) 


16/03/2016










28 feb. 2016

MUJERES MATEMÁTICAS AFROAMERICANAS QUE CONTRIBUYERON A LA CARRERA ESPACIAL DE LA NASA

Antes de la era de los ordenadores electrónicos, NACA (National Advisory Comitee for Aeronautics), que se convirtió en la NASA en 1958, empleó a cientos de mujeres americanas como ordenadores humanos. El lápiz, la regla de cálculo y las calculadoras mecánicas  fueron los instrumentos que utilizaron estas mujeres para hacer cálculos complejos sobre los experimentos que los prototipos de aviones realizaban en los túneles del viento.

Eran un grupo de mujeres afroamericanas, casi todas ellas tituladas en matemáticas en instituciones históricamente "negras", tales como las universidades de Virginia, Wilbeforce y el Instituto Hampton, Se les contrató para que los hombres pudiesen dedicarse a trabajos más laboriosos, más conceptuales, más analíticos, en definitiva "más importantes".

MIRIAM D. MANN, MARY JACKSON, DOROTHY VAUGHAN,  SUE WILDER, EUNICE SMITH, BARBARA HOLLEY, KATHERINE JOHNSON,  son algunas  de esas mujeres que trabajaron para la NACA/NASA, desde los años 40 hasta los 60, en turnos de ocho horas, las veinticuatro horas del día. Aisladas en la denominada West Area Computing, una oficina que, desde 1943 hasta 1958, era sólo para personas  negras, contribuyeron al desarrollo de la carrera espacial de EE.UU, en plena época de la guerra fría.

MIRIAM D.MANN (1907-¿?). Graduada en química y matemáticas. Inició su carrera profesional como profesora. En 1943 fue contratada por la NACA, puesto de trabajo en el que continuó hasta 1966. Sus cálculos matemáticos contribuyeron a calcular la trayectoria espacial de John Glenn, el primer estadounidense en orbitar alrededor de la Tierra.

MARY JACKSON (1921-2005). Estudió matemáticas y ciencias físicas en el Instituto Hampton. Trabajó en la NASA desde 1951 hasta 1985,

DOROTHY VAUGHAN (1910-2008). En 1929 se graduó en matemáticas en la universidad de Wilberforce. Trabajó como profesora hasta que en 1943 fue contratada por NACA para trabajar en la West Area Computing, donde llegó a ser jefa de equipos. Se convirtió en una experta programadora de FORTRAN.

SUE E. WILDER. (1929-2009). Trabajó treinticinco años en la NASA.

KATHERINE JOHNSON (1918-). Graduada en matemáticas y francés a los 18 años. Fue la primera mujer afroamericana que pudo asistir a las clases de la universidad de Virginia.
Trabajó en la NASA desde 1958 a 1986, sus cálculos contribuyeron, en 1961, a calcular la trayectoria espacial de Alan Shepard, el primer estadounidense que viajó al espacio. Un año después, la trayectoria espacial de John Glenn, el primer estadounidense en orbitar alrededor de la Tierra. También trabajo para la primera misión tripulada a la luna, la del Apolo 11.

Experimentó una breve fama cuando su trabajo fue fundamental para devolver el Apolo XIII a la tierra después de la explosión del depósito de combustible.
En el año 2015, el presidente de los EE.UU le concedió la Medalla Presidencial de la Libertad.

Sobre la vida de estas mujeres, Margot Lee Shetterly está escribiendo un libro: The African Ameriac Women Mathematians Wo Helped Nasa and The United States Win the Space Race: An Untold Story, que aparecerá publicado en septiembre  de este año. También se preparara una película para 2017.

28/02/2016


15 feb. 2016

MUJERES Y MEDIO AMBIENTE: JENNIFER MORGAN Y BUNNY MCDIARMID

Por primera vez desde su fundación hace  45 años, a partir del próximo mes de abril, Greenpeace Internacional estará dirigida por dos mujeres: JENNIFER MORGAN Y BUNNY MCDIARMID. Ambas son ambientalistas y poseen unas trayectorias personales muy diferenciadas pero cuya  suma servirá para que  Greenpeace Internacional   se adapte a nuevos tiempos,  a nuevos objetivos y emprenda nuevos caminos.

Jennifer Morgan nació en EE.UU. De niña quería ser granjera, su conciencia ambiental se desarrolló en la escuela secundaria y en los campamentos de naturaleza pero fue la lectura del libro La lucha por la esperanza de PETRA KELLY, fundadora del partido verde alemán, lo que influyó de forma definitiva en su proyecto de vida.


En la actualidad Jennifer Morgan era Directora del Programa de Clima y Energía en el Instituto de Recursos Mundiales (WRI). Anteriormente había trabajado, durante tres años (2003-2006), en E3G (Ecologismo de 3ª Generación) como Directora del Programa de Cambio Climático Global, y también en el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), en el periodo 1999-2006. Antes de unirse a WWF trabajó para la Red de Acción Climática de EE.UU, una red de más de 200 grupos ecologistas de todo el mundo.

Jennifer Morgan es licenciada en Ciencias Políticas y Estudios Germánicos por la Universidad de Indiana. Ha sido asesora   en la negociación del convenio de la ONU sobre el cambio climático, y en las diferentes cumbres mundiales desde el protocolo de Kiotto. 

Tras haber aceptado el cargo de codirectora ejecutiva de Greenpeace  ha declarado:
“para preservar la raza humana, debemos preservar el planeta. Para ello necesitamos que millones de personas de todo el mundo, de todos los niveles de la sociedad, se involucren de forma creativa. Así sus voces se escucharán en las altas esferas del poder. En este momento histórico tan crítico me siento profundamente honrada y emocionada de asumir el papel de codirectora ejecutiva internacional de una organización que inspira a millones de personas y crea las soluciones que son tan necesarias para proteger nuestro planeta”.

Ann McDiarmid, Bunny es su apodo familiar, nació en Christchurch (Nueva Zelanda). Estudió en la Universidad de Baradene y su vida como activista ambiental comenzó al unirse a la tripulación del barco antinuclear Free, en la decada de los 80.



Más tarde se incorporó a la tripulación del Rainbow Warrior, buque bombardeado por los franceses, en 1985, cuando denunciaba las pruebas nucleares que Francia iba a realizar en el Atolón de Mururoa, al sur del oceáno Pacífico.
Ha sido directora ejecutiva de Greenpeace Nueva Zelanda desde 2005 hasta junio 2015
Bunny McDiarmid ha declarado al aceptar el cargo: “dejar a nuestros hijos un planeta que sea capaz de sostener toda su maravillosa y necesaria diversidad y vida. Greenpeace debe seguir inspirando la osada idea de que es posible. Me he pasado la vida en el epicentro del activismo medioambiental, he visto sus idas y venidas, ahora estoy muy contenta de poder aportar mi experiencia en los despachos y debajo de la vela mayor y ser parte de este movimiento".


Bunny McDiarmid y Jennifer Morgan no son las únicas mujeres que van a dirigir una organización medio ambiental. Antes que ellas han habido otras organizaciones que han tenido un liderazgo femenino:

JULIA MARTON-LEFÈVRE, Directora General de la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (UICN), durante el periodo 2007-2014. 

JANE LUBCHENCO, Directora de la Administración Oceánica y Atmosférica de EE.UU (NOAA), durante el periodo 2009-2013.

YOLANDA KAKABDSE NAVARRO, Presidenta de WWF desde 2010.


15/02/2016


Fotos.:Internet








9 feb. 2016

CIENTÍFICAS EN LA LITERATURA DE FICCIÓN. 6. ELIZABETH BLACKWELL, EMILY BLACKWELL, ELIZABETH GARRETT ANDERSON, FLORENCE NIGHTINGALE - BARBARA WOOD

Mi interés y cierta curiosidad por la invisibilidad de las mujeres científicas  en la historia de la ciencia, fue el motivo que me impulsó a la lectura de DOMINA (1983), novela de la escritora británica de bestsellers Barbara Wood, tras leer en la contraportada del libro el siguiente texto: "estudiar - y ejercer- la medicina durante el siglo XIX resultaba imposible para una mujer".


En una nota de la autora, que aparece al comienzo del libro, explica que la protagonista Samantha Hargrave es un personaje de ficción, fruto de la recreación de varias profesionales de la medicina que vivieron en la segunda mitad del siglo XIX. Una época en la que las mujeres no podían acceder a los estudios de medicina, aunque algunas lo consiguieron tras vencer muchas dificultades. En dicha nota también se menciona a Elizabeth Blackwell y a su hermana Emily, dos personajes reales que consiguieron ser médicas en 1847 y 1854 respectivamente.




A lo largo de la novela las hermanas Blackwell se convierten en personajes de la narración, al igual que Florence Nightingale y Elizabeth Garrett Anderson y cuentan en primera persona  como consiguieron llegar a la universidad, y como vencieron los problemas que les surgieron para desarrollar su profesión.Todas ellas pioneras de la medicina.





ELIZABETH BLACKWELL (1821-1910). Nació en Bristol (Inglaterra). En 1831 su familia emigró a los Estados Unidos. Tras la muerte de su padre, ocurrida en 1847,  decidió estudiar medicina en Filadelfia pero no consiguió ser admitida. Elizabeth cambió de estrategia y envió más de diez solicitudes a otras tantas universidades de ciudades más pequeñas: todas ellas la rechazaron. Finalmente  consiguió ser admitida en una  pequeña universidad, el Geneva Medical College de Nueva York, aunque en su vida de estudiante tuvo que superar numerosas discriminaciones por ser mujer,  tanto por parte del alumnado como del profesorado. En 1847 se convirtió en la primera mujer en recibir el título de doctora.
Regresó a Filadelfia e intentó ser admitida en algún hospital, para adquirir más experiencia en práctica hospitalaria. No lo consiguió y en  1849 se marchó a París, donde tras muchas vicisitudes, logró trabajar en el hospital La Maternité, pero no como doctora sino como estudiante de matrona. Un accidente laboral la dejó ciega de un ojo, truncándose así sus aspiraciones de convertirse en cirujana. Un año más tarde logró ser admitida en el St Bartholomew´s Hospital de Londres.
En 1851 regresó a EE.UU. y comenzó la búsqueda de una casa donde instalar su consulta y desarrollar su labor profesional repartida entre la atención a familias de clase media y la atención a mujeres de escasos recursos económicos, influenciada sobre todo por las experiencias sanitarias  relacionadas con la prostitución que había vivido en París y Londres.
Sus comienzos fueron difíciles y con escasos ingresos económicos, pero a pesar de eso consiguió salir adelante y en 1857, junto a su hermana Emily, fundó el Hospital de Mujeres y Niños de Nueva York, primero de una serie de hospitales de mujeres atendidos por mujeres y con la  finalidad de proporcionar asistencia médica y quirúrgica a mujeres y niños necesitados, entrenar un eficiente cuerpo de enfermeras para servicio de la comunidad, y proporcionar un ambiente clínico donde las mujeres doctoras recién graduadas en medicina,  pudieran recibir instrucción clínica práctica.
En 1868,  y también junto a su hermana,  fundó la Escuela de Medicina de Mujeres de Nueva York. Al año siguiente volvió a Inglaterra, donde ejerció la cátedra de ginecología  en la London School of Medicine for Children, fundada por Elizabeth GARRET ANDERSON, hasta su jubilación en 1907.

EMILY BLACKWELL (1826-1910). La hermana de Elizabeth estudió medicina y obtuvo su título en 1854. Tuvo también dificultades para poder ser admitida en la Universidad. Lo logró primero en la Rush Medical College de Chicago,  pero tuvo que abandonar al finalizar el primer año pues sus compañeros varones se organizaron para vetar su presencia. Tras ello aceptada para continuar sus estudios en la Western Reserve  University en Cleveland (Ohio).
Durante dos años viajó a Edimburgo, Londres, París y Berlín para completar su formación y en 1857,  a su regreso a los EE.UU. colaboró en la apertura del Hospital de Mujeres y Niños de Nueva York, junto a su hermana Elizabeth y la doctora Marie ZAKRZEWSKA. Se encargó de la gestión de enfermería y de la cirugía y se convirtió en la responsable única cuando Elizabeth viajó a Europa y María se estableció en Boston.
En 1868 las hermanas Blackwell abrieron la Escuela de Medicina de Mujeres de Nueva York, donde se convirtió en profesora de obstetricia y que quedó también a su cargo cuando Elizabeth regresó de nuevo a Europa. Esta  institución funcionó con éxito hasta el año 1899,  cuando la Universidad de Cornell comenzó a admitir mujeres en su programa médico.

ELIZABETH  GARRET ANDERSON (1836-1917). Nació en Londres,  pero su familia se trasladó a Aldeburg,  donde Elizabeth pasó su infancia y después su madurez. Realizó su formación en casa y a los trece años fue enviada junto a su hermana a un internado.
En 1859 tras asistir a una conferencia de Elizabeth BLACWELL, decidió estudiar medicina. Inició la aproximación a estos estudios trabajando como enfermera en el  Hospital Middlesex, en Londres. Intentó matricularse de medicina en varias universidades y fracasó en todas ellas. Lo único que consiguió fue asistir a algunas clases, pero  poco a poco fue haciéndose un curriculum que le permitiera acceder al examen de licenciatura. Una vez finalizada su preparación,  inició nuevamente un peregrinaje por diferentes universidades para presentar su solicitud de examen. En 1865 la Sociedad de Boticarios se la aceptó y Elizabeth Garret obtuvo las máximas calificaciones, convirtiéndose en la primera mujer médica de  Gran Bretaña. Inmediatamente después esta organización cambió su reglamento para evitar que otras mujeres obtuvieran una licenciatura.
Comenzó su actividad profesional abriendo, con la ayuda económica de su padre, un consultorio privado, ya las mujeres seguían sin poder trabajar en los hospitales. Sus inicios fueron difíciles pero poco a poco fue haciéndose con una clientela. Coincidiendo con una epidemia de cólera que asoló Londres, y que hizo más permisiva la situación de las mujeres médicas, abrió el Dispensario St. Mary para ayudar a  mujeres y niños de las clases más desfavorecidas.
Aunque estaba registrada y podía ejercer como médica, o Elizabeth no renunciaba a poder obtener el doctorado en medicina. Enterada de que en París podría realizar su aspiración, estudió francés y se presentó a los exámenes con una tesis doctoral sobre la migraña. Consiguió el título en el año 1870.
Ese mismo año logró un puesto en el Hospital East London para niños pero al ser incompatible con su actividad privada y con su reciente maternidad dimitió. Dos años más tarde el dispensario se convirtió en el Nuevo Hospital para Mujeres, donde Elizabeth Blackburn ejerció de ginecóloga y ella de cirujana. En 1874 cofundó junto a Sophia JEX-BLAKE y las hermanas BLACKBURN la London School of Medicine for Women, donde ejerció como profesora el resto de su carrera profesional y asumió diversos puestos directivos. Ese mismo año fue admitida en la Asociación Médica Británica,  siendo la primera mujer en conseguirlo y la única durante 19 años. Tuvo una participación activa en la misma pese a la hostilidad que mostraron muchos de sus compañeros.
Elizabeth Garret participó activamente en el movimiento sufragista y en la vida política de Aldeburg, localidad a la que había regresado junto a su marido  e hijos. Fue nombrada alcaldesa  y,  una vez más, fue una pionera de su época al convertirse en  la primera mujer alcaldesa en Gran Bretaña.
A partir de 1912 la salud de Elizabeth comenzó a debilitarse, su visión y sus capacidades mentales empezaron a fallar. Murió cinco años después sin recordar su enorme contribución a la lucha de las mujeres por la igualdad.

FLORENCE NIGHTINGALE (1820-1910). Enfermera británica considerada la madre de la enfermería moderna. Nació en Florencia y logró su sueño de asistir a las personas enfermas después de enfrentarse a su familía. Se rebeló contra los prejuicios de su época, y contra su destino de mujer que debía permanecer en el hogar, y  escogió la profesión de enfermera, que hasta ese momento estaba desprestigiada y se reservaba a los pobres. Destacó desde muy joven en la matemática, que aplicó después  en sus estadísticas epidemiológicas y es reconocida por su lucha para mejorar las condiciones sanitarias.  Participó como enfermera en la Guerra de Crimen, donde recibió el apodo de la dama de la lámpara, una de sus imágenes más reproducida. De vuelta a Londres tras  la guerra, y con el dinero recibido como tributo por su trabajo en la misma, fundó la Escuela y Hogar para Enfermeras Nightingale, en el Hospital Saint Thomas, que en la actualidad forma parte del King´s College. Fue la primera escuela laica de enfermería del mundo.

09/02/2016